"En busca de la Verdad y de la Muerte"
por Thomas Bernhard.
(1967)
El más corto de estos dos textos fue pronunciado por Thomas Bernhard como discurso de agradecimiento en ocasión de la entrega del premio nacional austríaco de Literatura en 1967.
El texto más largo estaba destinado a agradecer la entrega del premio Wildgans de la Industria austríaca en 1968. La ceremonia fue sin embargo cancelada sin motivo especial, verosímilmente porque el primer discurso había provocado un incidente: fuera de programa, el ministro de Educación respondió con dos frases a las afirmaciones de Thomas Bernhard y una gran parte de la concurrencia aplaudió.
Las conversaciones escuchadas durante la recepción que siguió a la entrega testimoniaron la gran irritación que habían producido el discurso y el incidente.
Dos interrogantes quedan abiertos: el de la oportunidad de las circunstancias y, el más importante, el de saber qué sociedad puede abstenerse de tal irritación.
Cuando estamos a la búsqueda de la verdad sin saber cuál sea ésta, que no tiene de común con la realidad sino la verdad que no conocemos, estamos a la búsqueda del fracaso, de la muerte… de nuestro propio fracaso, de nuestra propia muerte, por lejos que se remonten nuestro pensamiento o nuestros sentimientos, o nuestra imaginación o por lejos que miremos hacia el porvenir, es la muerte, la ausencia de reposo o el reposo como fenómenos de debilidad, de fracaso… se trata de las ciencias, de las artes, de la naturaleza misma, marcas específicas de la muerte… Cuando hablamos de la vida y ponemos el dedo sobre ella, cuando nos ocupamos de la vida como de una decepción permanente de los conceptos de lo que es la naturaleza,—nosotros, los elementos teatrales...— un análisis letal nos resulta imposible.
Lo entendemos, lo vemos, lo sentimos y lo pensamos, es un concepto de infinito en que se cruzan las líneas del menoscabo, de la mortificación, de la desaparición, donde todo se extingue simplemente, donde todo lo que está entre el finalmente y el por fin es fatalidad patológica, a favor y en contra, sin origen, sin objeto y sin finalidad, de nuestra facultad innata de soñar, de nuestra limpidez; es método, método de muerte: aquello de que huimos, como sabemos, está en nosotros, lo que tenemos está en nosotros, lo que somos está en nosotros... etcétera. Nos prometemos mucho, aprendemos todo y nos contradecimos, después recomenzamos a aprender siempre y todavía y nos oxidamos, nos pudrimos de arriba abajo y de abajo arriba hasta la médula y partimos, pasando constantemente de una naturaleza a otra, hacia la muerte... En nuestro ser, somos incapaces de acción, somos materialistas filosóficos, la mistificación hasta en la muerte…
Lo que poseemos es la experiencia, algo metafísico de lo cual, cuando tenemos tiempo para el miedo, tenemos miedo, ante lo cual, y allí mismo está la desviación, capitulamos: nos morimos, caballeros solitarios como somos de nuestra impotencia, huérfanos de la historia, articulaciones muertas de la naturaleza... Estamos a la búsqueda de una coherencia, circunstancias, condiciones de la muerte, estados del cuerpo, estados de ánimo de la muerte...
Nuestro nacimiento nos arroja en una amnesia, ávidos de universo, regeneradores de nada sino de la muerte. La muerte se explica para mí como historia natural, como lo que ha hecho posible el pensamiento. Si tenemos una meta, me parece, es la muerte, aquello de que hablamos, es la muerte...
Os hablo, pues, hoy, de la muerte, pero no os hablaré directamente de la muerte, sería demasiado ambicioso, inútil, hablaré ahora indirectamente de la muerte, por alusión, de esta experiencia que poseemos, que hacemos constantemente, que haremos siempre hasta el infinito, hablo ahora de la muerte, puesto que me habéis encargado un discurso, algo sobre la vida, es cierto, pero yo hablo, aun cuando hablo de la vida, de la muerte…Todo lo que se dice es siempre sobre la muerte… Pero no hablaré hoy de un lugar particular de la muerte, de nada que se refiera al detalle, eso seria, he dicho, demasiado ambicioso no nos hemos reunido aquí para escuchar un estudio, eso sería una infamia, y mucho más triste; no quiero recubrir esta sala de fiesta con mi negrura, con la negrura general, con las tinieblas generales, por más que hayáis encargado un discurso, y que me lo hayáis encargado a mí, y por más que esta sala me deslumbre, todas las salas de fiesta me deslumbran, comprendéis... y por más que no necesite tener en cuenta consideraciones, no entristeceré esta sala y no os entristeceré... pero de todos modos hablo de la muerte, porque hablo, porque nos gusta oír hablar de la vida, de la muerte, por ejemplo de los hombres y de sus conquistas, porque nos gusta oír hablar de conquistas, de las ciudades y de sus conquistas, de los Estados y de sus conquistas, del macrocosmos del microcosmos... de la capacidad, de la incapacidad, de las enfermedades mortales, de los restos de Europa. .. ¡de los restos! comprendéis... de la peor impresión imaginable que tenemos todos juntos, y seria necesario decir aqui, ahora, a la vista de todos, lo que habitualmente sólo decimos en la intimidad... pero eso llevaría demasiado lejos, llevaría a la catástrofe… pero yo no hablo tampoco de nuestros lagos, de los valles de alta montaña, de la manera con que los ingenieros desprovistos de gusto pero no de avidez destruyen nuestro hermoso paisaje, de la destrucción general, de nuestra literatura de pequeño burgueses, de la cobardía de nuestra "intelligentsia" no, si hablo, es de la muerte… señalo la vida y hablo de la muerte…
No hablo de la historia del espíritu, sino de la muerte, no de las aproximaciones fisiológicas, psico]ógicas, sino de la muerte... no de los órdenes de grandeza, de realidades perturbadoras, de genio y de martirio, de idiotez y de sofistica, de jerarquías y de amargura, todo esto me contento con mencionarlo y hablo de la muerte... y no hablo de religiones, de partidos, de parlamentos, de academias, ni de apatía, de simpatía, de afasia... seria necesario ciertamente que hablara aquí de todo, de todo al mismo tiempo, pero es imposible hablar de todo al mismo tiempo, es absurdo, por lo tanto sólo puedo deciros todo aquello de lo cual yo podría hablar hoy aquí, mencionar lo que en verdad callo, porque no puedo hablar de eso, lo que concierne a la filosofía por ejemplo, a la poesía; no hago sino mención de la ignorancia y la vergüenza... no tiene sentido ir al fondo de ninguno de estos temas que imagino, ante vosotros, desarrollar aquí en esta sala de fiesta uno solo de estos temas… nos falta para eso la más grande, la más alta atención, que se debe exigir y que no tenemos, que ya no tenemos, no tenemos más la más grande, la más alta atención… Pero podría, como podéis imaginaros, hablar aquí del Estado, de la imposibilidad del Estado, y sé que estáis contentos de que no hable de eso, tenéis constantemente miedo de que vaya a decir algo de lo que tenéis miedo y estáis contentos de hecho de que no hable aquí realmente de nada, y no hablo aquí efectivamente de nada; puesto que no hago más que hablar de la muerte… y que hago mención de la dictadura, una justicia criminal, el socialismo y el catolicismo, la hipocresía de nuestra Iglesia… no tenéis por qué tener miedo... de que mencione nada a propósito de sarcasmo, de idealismo, de sadismo… de norte y de sur… y aun de nada ridículo: que la ciudad de Viena es las más sucia de todas las capitales, con los miembros paralizados y la cabeza podrida y los nervios destrozados... nada a propósito de mis tíos carniceros, o de los tíos aserradores, tíos agricultores, etcétera, de mi granja en Nathal, gentes de allá, de su belleza, de lisiados, de tipos de cereales y de engorde de cerdos, la caza moviéndose en el bosque, el paso de un circo por una pradera… de Alexander Blok, Henry James, Ludwig Wittgenstein... cómo se hace de un hombre honesto un criminal de un dia para otro, cómo nos encontramos en prisión y cómo fuera de ella… de los asilos de locos, de la división y de la multiplicación… del concepto de abandono y de las neuralgias sociopolíticas… del Estado y del Estado Monstruo, o aun de los distribuidores de premios... ¿o bien debo hacer aquí un discurso de agradecimiento, contar alguna cosa sobre el mal de vivir?... o algo sobre los industriales, o quizá sobre el genio desconocido... sobre la irreflexión, la bajeza, algo sobre la moral, no sé… sobre la vejez como horror ejemplar o la juventud como horror ejemplar, sobre el suicidio, el suicidio de los pueblos... podría también contar una historia, pues tengo varias historias en la cabeza, o un cuento como El cuento de la bella Austria, cuando era todavía algo, o Los Austriacos cuando eran todavía algo… o El cuento de la navegación de ultramar que no es ya rentable, El cuento de la crianza de cerdos que no es ya rentable, La fórmula mágica CEE… o La literatura que no es ya rentable, el arte que no es ya rentable, la vida que no es ya rentable…o preferiríais El cuento del porvenir... hablo de la mentira y del ridículo y no cuento El cuento de la profundidad… no hago más que rozar todo esto y arrojo a esta sala algunas palabras, por ejemplo la palabra "aislamiento", "degeneración", "vulgaridad", la palabra "sensibility"... hago hincapié en el envejecimiento, la inutilidad creciente, y puesto que muy rápidamente nos cansamos de la comedia, del espectáculo de la existencia, de todo el arte dramático... un día, en un solo instante, en el instante decisivo, nos arrojamos de cabeza a la muerte... Mi tema, es la muerte, como también es el vuestro... hablo, pues, de la vida y no hago sino mencionar la estupidez actual por ejemplo , por ejemplo la incapacidad catastrófica de este gobiemo, todo ese enorme escándalo gubernamental en el que también metemos mano... todo este absurdo de las democracias por ejemplo, este perpetuo y repugnante calidoscopio de pueblos... pero no hago discurso sobre las masas terrestres y humanas, sobre esas enormes y absurdas masas, ni sobre un mundo nuevo, porque no veo ninguno, no digo nada sobre el átomo, nada tampoco sobre los leprosarios y las revueltas de los negros, nada sobre Inglaterra que pide socorro, sobre Alemania que miente, Norteamérica esquizofrénica, Rusia diletante, China a quien tememos, la minúscula Austria… hablo de la muerte, lo que digo son palabras sobre la muerte, no hablo de la innoble ausencia de necesidades del espíritu... ni del hecho de que las revoluciones no nos han aportado lo que esperábamos, no hablo ni de imperios en putrefacción, ni de monarquías, de repúblicas estúpidas, de dictaduras, ni de amor a la patria, ni de abyecta neutralidad, no presento ninguna carta de ciudadanía… pero no cuento nada tampoco sobre Ferdinand Ebner o T. E. Lawrence... pero me pregunto si no debería de todos modos presentar alguna cosa, optimista, al estilo de los cancionistas... algo grotescamente fatalista, algo sobre la tristeza, la fantasía, la melancolía… cómo se hace dinero o bien cómo se pierden los amigos y el dinero, no, no, todo es malentendido, todo es bien entendido malent endido... en la medida en que la muerte misma no es otra cosa que un malentendido, y que yo esté, que esté aquí, ante vosotros, para hablar, es también un malentendido, exactamente como la muerte, bien entendido… ¿que haga el viaje o que no lo haga?... busco, cuando me despierto, refugio en este tema, el objeto de la frase y el enunciado de la frase, el ascenso y el descenso… habría tanto que decir, pero no es este el lugar para proceder a una intervención quirúrgica en un estado de cosas que es un estado de cosas catastrófico, este no es el lugar de trasplantes filosóficos, de acrobacias aritméticas, nos faltan aqui, en esta hermosa sala de fiesta el instrumental, y sin embargo me darian placer todas estas operaciones, cortar y coser, atar, amputar... pero odio la afectación… y no dire nada de Shakespeare y nada de Buchner, y no os fastidiaré con Flaubert... sabria muy bien, de manera muy penetrante, quizás hasta extremadamente sorprendente manejar los elementos cómicos, graciosos, irónicos en mi, y manejar los mismos instrumentos en vosotros… desplegando todo mi entendimiento, decir algo nuevo sobre Homero, sobre Torgueniev… o bien: se toma simplemente a Dios y se revuelve el todo, se toma simplemente al diablo y se revuelve el todo, se toma la burguesía y se revuelve el todo , se toma el proletariado y se revuelve el todo... Que no nos olvidemos de hablar de la primera mitad de este siglo como de una mitad en la demencia… seria inteligente citar un verso de Baudelaire, una frase de Proust, una frase de Montaigne, una frase del cardenal de Retz si se quiere, o alguna otra obscenidad filosófica... que no nos olvidemos de los sacerdotes y de los médicos, los físicos y los comunistas, el Ejército Rojo y los guardias suizos, la industria de metales ligeros y sobre todo de nuestros huéspedes... Todo esto, lo creáis o no, queráis verlo o no, tiene algo que ver con la muerte, que hable de vosotros o de mí, que seáis vosotros o yo a quien empuje al absurdo, es la muerte, estamos empujados por la muerte… que tenga algo contra los gobemantes o contra los oprimidos, contra los blancos o contra los negros, contra este gobierno por ejemplo que, como todos los gobiernos, es el peor que se pueda imaginar, contra nuestros parlamentarios, contra nuestro canciller federal, contra nuestros profesores universitarios y contra nuestros artistas, contra Heine y otros, contra Marx y otros, que tenga algo contra todos estos señores, es la muerte, es lo irreparable... es la catástrofe... todo esto, tiene algo de imposible, de inaudito.
Pero creo que he dicho bastante, o hablado, ¿no es así? señalado, ¿no es así?, pasado en silencio muchos temas, como veis, pasado en silencio casi todos los temas, como podéis convenceros y no me queda sino expresar mi agradecimiento por algunos millares de schellings que me habéis ya enviado a mi domicilio en Alta Austria, por las magnificas vacaciones que con esa suma me podré tomar. Me pagaré un periodo de prodigalidad, algunas semanas al borde del Mediterráneo, o algunas locuras en Bruselas, París o Londres, no sé todavía... en todo caso lejos de aquí, lejos de Viena, lejos de Austria, de la patria, que amo… os agradezco, por más que no sepa de qué os agradezco, es posible que os agradezca efectivamente por una locura... por una loable finalidad quizá, pues la vida es una finalidad absolutamente loable, algo que, como lo sabéis ahora, tiene mucho que ver con la muerte… que todo es la muerte, la vida entera no es más que la muerte, que voy a desearos una buena, quizá memorable velada, y salir de esta sala, partir de esta sala, partir de Austria algún tiempo hacia el placer y hacia el trabajo, y lo digo una vez más: os agradezco por esta distinción, por el malentendido que constituye sin ninguna duda esta distinción, pues, como sabéis, todo es malentendido y os recuerdo una vez más especialmente la muerte, que todo tiene que ver con la muerte, no olvidéis la muerte... no la olvidéis, no la olvidéis…
Discurso pronunciado el 22 de marzo de 1968 en ocasión de la entrega del Premio Nacional Austríaco.
De Thomas Bernhard
Señor Ministro
Vosotros los aquí presentes
No hay nada que exaltar, nada que condenar, nada que acusar, pero hay muchas cosas risibles; todo es risible cuando se piensa en la muerte.
Se atraviesa la vida, se reciben impresiones, no se reciben impresiones, se atraviesa la escena, todo es intercambiable, se recibe una formación más o menos buena en la tienda de accesorios: ¡qué error! Se comprende, un pueblo que no sospecha de nada, un hermoso país-padres muertos o conscientemente sin conciencia, hombres con la simplicidad y la bajeza, la pobreza de sus necesidades.
Todo es prehistoria altamente filosófica e insoportable. Los siglos son pobres de espíritu, lo demoníaco en nosotros es la prisión perpetua del país de los padres donde los componentes de la tontería y de la brutalidad más intransigente se han hecho necesidad cotidiana. El Estado es una estructura condenada permanentemente al fracaso, el pueblo una estructura condenada sin cesar a la infamia y a la flaqueza de espíritu. La vida es desesperación en que se apoyan las filosofías, en las que todo, finalmente, es prometido a la demencia.
Somos austriacos, somos apáticos; somos la vida, la vida como indiferencia a la vida, vulgarmente compartida; somos, en el proceso de la naturaleza, la locura de grandezas, el sentido de la locura de grandeza como porvenir.
No tenemos nada que decir, sino que somos lamentables, que hemos sucumbido por imaginación a una monotonía filosófica-económica mecánica.
Instrumentos de la decadencia, criaturas de la agonía, todo es claro para nosotros, no comprendemos nada. Poblamos un traumatismo, tenemos miedo, tenemos mucho derecho a tener miedo, vemos ya, por más que indistintamente, en último término, los gigantes de la angustia.
Lo que pensamos ha sido ya pensado, lo que sentimos es caótico, lo que somos es oscuro.
No tenemos que tener vergüenza, pero no somos nada tampoco y no merecemos sino el caos.
Agradezco, en nombre personal y en el de aquellos a quienes se distingue hoy conmigo, a este jurado y muy especialmente a todos los aquí presentes.
UN HORRIBLE VACIO
No puedo explicarle ahora mi vida, ni lo que soy. No, eso no se puede hacer. Necesitaría tres mil páginas y posiblemente se me olvidarían aún las cosas importantes, que se me ocurrirían luego. Para eso haría falta otro volumen complementario. Lo esencial se me olvidaría en esas tres mil páginas, y en mi lecho de muerte diría: ¡Santo Cielo!, ahora veo lo más importante de todo, ahora, al mirar desde un lecho de muerte, eso lo explicaría todo de otra manera, no tiene ningún sentido.
Hay que llegar a todo por sí mismo. Uno no tiene ninguna tarea ni nada parecido. Tareas sólo tienen los colegiales y los que obedecen a sus maestros.
Y entonces pierdo de algún modo las ganas, porque no tengo ya nada que hacer, eso es lo idiota. Por eso he tenido que tener siempre una compensación y hacer algo, aunque fuera absurdo. Pero da igual. Como las mujeres, que tienen que sacudir incansablemente alfombras para tranquilizarse y poder freír sus tortillas. Todo ser humano se busca algo parecido. De algún modo siento un —¿cómo se llama ese famoso vacío?—, un horrible vacío, desde hace un año. ¿Qué puedo hacer ahora? No me interesa ya nada. Pero bueno, siempre ocurre algo, aunque sea una desesperación pura, algo llega siempre. Y entonces lo explotaré otra vez. Porque la vida es una explotación. Y uno se precipita sobre lo que sea, otra persona o uno mismo, no sé. Todo eso no conduce a nada.
Eso me recuerda dónde estuve ayer, en casa de un campesino, que me contó que un tabernero, al que yo también conocía, había muerto de pronto, aunque podía preverse desde hacía un año, pero sin embargo, de pronto, tenía un pie totalmente podrido, y desde luego hubo mucha gente en su entierro, y uno de ellos, ex carnicero y posadero, que había sido anteriormente oficial de carnicero pero tenía ya más de sesenta años, tuvo que llevar una cruz, de dos metros, enormemente pesada... siempre tienen, cuando llevan algo así, una especie de soporte de cuero, donde va metida la cruz. Y sólo hace falta sujetarla, pero no cargarla. Sin embargo, no encontraron el soporte y el hombre tuvo que llevar la cruz durante dos horas, y le pusieron encima además una corona, y entonces él se derrumbó y ahora estaba en cama, también listo. Ahora me acuerdo.
Publicado por Mané Castro Videla para Largas Noches Largas... el 8/21/2011 11:22:00 AM
SUPLEMENTO DE REFLEXION, PENSAMIENTOS, ESPIRITUALIDAD, RELIGION Y OTRAS ALTERNATIVAS DE "EL PERIODIST@ DIGIT@L" Y SU MULTIMEDIO
domingo, 21 de agosto de 2011
NARCISISMO
Narciso de Caravaggio.
Un héroe beocio cuyo mito precavía a los muchachos a evitar ser crueles con sus amantes.
Narcisismo es en alusión al mito de Narciso, amor a la imagen de sí mismo.[1] Amor que dirige el sujeto a sí mismo tomado como objeto.[2]
Sigmund Freud introdujo dicho concepto en el área del psicoanálisis a través de su obra Introducción del narcisismo, noción que ya había utilizado con anterioridad en su obra, pero con una definición más difusa.
Si bien se puede aludir a una serie de rasgos propios de la personalidad normal, sin embargo el narcisismo puede también manifestarse como una forma patológica extrema en algunos desórdenes de la personalidad, como el trastorno narcisista de la personalidad, en que el paciente sobreestima sus habilidades y tiene una necesidad excesiva de admiración y afirmación.
Estos desórdenes pueden presentarse en un grado tal, que se vea severamente comprometida la habilidad de la persona para vivir una vida feliz o productiva al manifestarse dichos rasgos en la forma de egoísmo agudo y desconsideración hacia las necesidades y sentimientos ajenos.
En su uso coloquial designa un enamoramiento de sí mismo o vanidad basado en la imagen propia o ego.
La palabra procede del antiguo mito griego sobre el joven Narciso, de especial hermosura, quien se enamoró insaciablemente de su propia imagen reflejada en el agua.
La psicología humanista considera que el narcisismo patológico coincide con autoestima baja o errónea.[3]
Desde el punto de vista psicológico, se puede distinguir un significado psicogenético o psicoevolutivo: el narcisismo como un escalón necesario y ubicuo del desarrollo de la personalidad. Andrew P. Morrison, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, defiende que en los adultos, una razonable cantidad de narcisismo sano permite balancear la percepción individual de las propias necesidades en relación con los otros.[4]
Existe además el narcisismo patológico, diagnóstico de uso habitual en psiquiatría y de connotaciones negativas. Éste designa un rasgo de la personalidad, caracterizado por una baja autoestima acompañada de una exagerada sobrevaloración de la importancia propia y de un gran deseo de admiración por los demás. En la DSM-IV (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, cuarta edición) existe un subapartado dentro de los trastornos de personalidad denominado Trastorno narcisista de la personalidad, (NPD), entendiéndose tal como una disfunción grave de personalidad.
Fuera del ámbito psicológico, los términos "narcisismo" y "narcisista" son frecuentemente utilizados peyorativamente denotando vanidad, presunción, egocentrismo o simple egocentría. Aplicado a un grupo social es frecuentemente utilizado para denotar elitismo o indiferencia a la difícil situación de los demás. En las situaciones de discusión, sin embargo, estos términos se utilizan para dibujar paralelismos entre las quejas sobre comportamientos centrados en uno mismo y el trastorno de personalidad narcisista más que hacia la autoestima sana.
El mito de Narciso
El relato más conocido sobre el mito de Narciso es el que Ovidio relató en su tercer libro de Las Metamorfosis en el año 43 a. C.
La tragedia comienza a gestarse ya desde la concepción del niño Narciso, puesto que él es fruto de la violencia sexual. El dios-río Cefiso, después de raptar y violar a la náyade Liriope, engendró en ella a un joven de espléndida belleza, a quien dieron por nombre Narciso. Preguntado sobre si el recién nacido tendría una larga vida, Tiresias, el sabio capaz de predecir el futuro, contestó cripticamente «Sí, siempre y cuando nunca se conozca a sí mismo.»
A lo largo de su vida, Narciso, va a provocar en hombres y mujeres, mortales y dioses, grandes pasiones, a las cuales no responde por su incapacidad para amar y para reconocer al otro. Según el relato de Ovidio, entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera y por ello ésta le había condenado a repetir las últimas palabras de todo cuanto se le dijera. Eco fue, por tanto, incapaz de hablarle a Narciso de su amor por él, pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando Narciso preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco contenta respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla oculta entre los árboles, él le gritó: «¡Ven!». Después de responder: «Ven, ven», Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor. Tentado por Afrodita, al contemplar su imagen en el espejo de la superficie del agua, sintió una fascinación por su propia imagen de la que no pudo sustraerse. No podía tocar ni abrazar al ser que veía reflejado en el agua, pero tampoco podía apartar su vista de él.
En otra versión del mito, uno de los menospreciados por Narciso se queja a los dioses y Némesis, la diosa de la venganza, se encarga de castigar su orgullo.
De cualquier modo, Narciso, subyugado por la bella imagen de sí mismo que le devolvía el río, se retrajo de toda posible relación amorosa con otros seres, e incluso de atender sus propias necesidades básicas, y su cuerpo se fue consumiendo para terminar convertido en la flor narciso, una flor tan hermosa como maloliente. Mientras tanto, Eco, consumida de melancolía, se retiró a una cueva donde su cuerpo también se consumió, quedando de ella solo una voz sin forma que repite, en la lejanía, la última frase o sílaba que se pronuncie
El narcisismo en el psicoanálisis
El neurólogo austríaco Sigmund Freud (1856-1939) y padre del psicoanálisis, introdujo el concepto de narcisismo en su ensayo de 1914 Introducción del narcisismo.[5]
En psicoanálisis se entiende por narcisismo una forma de estructuración de la personalidad, y una etapa del desarrollo del ser humano. Distinguen los psicoanalistas dos tipos: el narcisismo primario de los primeros meses de la existencia y donde el niño dirige toda sus energías a la satisfacción de sus necesidades. De una manera general, se refiere, con el término de narcisismo primario, al momento en que el niño se toma a sí mismo como objeto de amor, antes de elegir objetos externos. Todo su erotismo y/o energía libidinal es autodirigida y el mundo exterior no existe.
El narcisismo secundario, es un concepto que refiere en la extensa obra freudiana a dos ideas distintas:
•a) Una forma de designar estados mentales patológicos (narcisismo esquizofrenico, por ejemplo, o en la «neurosis narcisista», que es modo como Freud denominó inicialmente las psicosis, también a lo que hoy se llamaría depresiones mayores o endógenas) donde la investidura libidinal que previamente estaba puesta en objetos recae ahora, regresivamente sobre el yo;
•b)Una estructura estable (Yo realidad definitivo), donde no hay psicosis, porque existe equilibrio desde el punto de vista económico (flujo de energía psíquica libidinal). Las investiduras (catexis) estarían repartidas armónicamente entre los sistemas y los objetos; desde el punto de vista tópico se puede afirmar que el componente estructural «ideal del yo» y superyó definitivo, se generan a partir del llamado sepultamiento del Complejo de Edipo
Narcisismo patológico
Artículo principal: Trastorno narcisista de la personalidad
Epidemiología
Se estima que en la población general la prevalencia a lo largo de la vida es del 1%, y en las poblaciones clínicas está entre el 2 y el 16%. Entre el 50 y 75% de las personas diagnosticadas son varones.
Fisiopatología clínica
Resulta desconcertador para muchos el hecho de que el narcisista suele exhibir una aparente autoestima formidable, y socialmente aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad con ello el narcisista está camuflando su vacío interno, su carencia real de autoestima. En la infancia temprana de estos individuos se encuentra a menudo una actitud indiferente o minusvaloradora por parte de sus progenitores, lo cual les deja una inseguridad que tratan de compensar por medio de una autoevaluación exagerada, irreal e inflada, (Baumeister, 1996). Algunos clínicos explican la personalidad narcisista sobre la base de una carencia emocional temprana producida por una madre emocionalmente fría o indiferente, o con una agresividad encubierta hacia su hijo, (Piñuel, 2007). La consecuencia es que los narcisistas necesitan mirarse continuamente en el espejo de los demás para saber quiénes son, y al descubrir una pésima imagen de ellos mismos se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico. Las personas inteligentes, sanas, que se percatan de la artimaña, o que simplemente son más valiosas o agraciadas que ellas se convierten entonces para el narcisista en una amenaza para esa imagen artificial con la que el narcisista sustenta su autoestima, por lo que su comportamiento con ellos es manipulativo, y cuando la manipulación no surte efecto, perseguidor.
Los sujetos narcisistas poseen una autoestima muy vulnerable, siendo por esto muy sensible al "ultraje" de la crítica o la frustración; en relación con esto, las críticas pueden llegar a obsesionarles y hacer que se sientan hundidos y vacíos. Otro síntoma es el deterioro de sus relaciones sociales como consecuencia de su pretenciosidad y necesidad constante de admiración. Otro síntoma es la incapacidad para arriesgar nada por la posibilidad de frustración que ello conlleva.
En el ámbito social los narcisitas naufragan. Las demás personas sólo cuentan para ellos como posible fuente de gratificación, devolviéndoles la imagen de sí mismos cuya carencia les atormenta y que anhelan insaciablemente. Por ello suelen elegir profesiones que les proporcionen notoriedad social, reconocimiento o incluso fama.
Interpretación psicoanalítica
Desde el punto de vista freudiano de la psico-patología, la estructuración de una personalidad narcisística, implica una detención o fijación del desarrollo de la persona a etapas infantiles de profunda gratificación, o en una regresión del individuo a estos períodos, por su incapacidad para tolerar y enfrentar los retos y fracasos que la maduración y la vida le imponen (cf. André Green).
Rasgos de la personalidad narcisista
La personalidad narcisista se caracteriza por un patrón grandioso de vida, este se expresa en fantasías o modos de conducta que incapacitan al individuo para ver al otro. Su visión de las cosas es el patrón al cual el mundo debe someterse. Para los narcisistas el mundo se guía y debe obedecer a sus propios puntos de vista, los cuales considera irrebatibles, infalibles, auto-generados. Las cosas más obvias y corrientes, si se le ocurren a él o ella, deben ser vistas con admiración y se emborracha en la expresión de las mismas. Hay en el Narcisista una inagotable sed de admiración y adulación. Esta necesidad lo incapacita para poder reflexionar tranquilamente y valorar serenamente la realidad. Vive más preocupado por su actuación, en cuanto al efecto teatral y reconocimiento externo de sus acciones, que en la eficacia real y utilidad de las mismas. En resumen, las personas narcisistas, aún cuando pueden poseer una aguda inteligencia, esta se halla obnubilada por esa visión grandiosa de sí mismas y por su hambre de reconocimiento. Llama la atención, entonces, cómo muchas personas pudiendo ser exitosas, productivas y creativas, someten su vida a aduladoras mediocridades. Cuando los narcisistas ejercen posiciones de poder, se rodean de personas, que por su propia condición, son inferiores a él o ella, y de otras, que le harán la corte solo en función de un interés mezquino. Ellas, drogadas por su discurso auto-dirigido, no son capaces de reflexionar y escuchar lo que el mundo externo les grita.
En la otra cara de la moneda, la personalidad narcisista es, en sí misma, una forma de supervivencia. Hemos visto en el mito cómo Narciso es el producto de una acción terrible. La personalidad narcisista nace de una violencia, de un terrible trauma, de una herida inferida al individuo en sus primeras etapas del desarrollo o antes, cuando la herida es la madre y ella trasmite al hijo su resentimiento, su dolor, su rabia y su temor. Se refugia, el traumatizado, en su propia imagen de grandiosidad, ello le permite elevar su maltrecha auto-estima y sentirse un poco mejor consigo mismo. Su hambre insaciable de reconocimiento se asila en la admiración y la adulación de quienes lo circundan.
El narcisista es una persona que puede ser muy exitosa, en cuanto al brillo externo se refiere. Él no se plantea dudas en cuanto a la realidad de sus ideas, sean estas brillantes o no. Así vemos cómo personas con una inteligencia mediocre y una cultura pobre, escalan posiciones sorprendentes, para ellas el recapacitar no existe. Aún las más insulsas ideas son expresadas con un espíritu mesiánico, se enamoran de las ideas de otros y las hacen propias sin la más mínima consideración moral ni ética. Estos últimos logran capitalizar a una horda de Narcisistas depresivos que creen, ingenuamente, en la verdad expresada por el pseudo-maestro. Ellos lo seguirán fielmente, no importa cuán errado esté:
"Sobre la pena duermo solo y uno, pena es mi paz y pena mi batalla, perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel pero importuno."escribe Miguel Hernández, retratando esta suerte de personalidad del narcisista depresivo, siempre fiel, signada por la tristeza derrotada, que busca, con más ahínco que éxito, alguien en quién creer, alguien en quien confiar el remedio a sus miserias. De estas melancólicas soledades esperanzadas se nutre el Narcisismo. La simbiosis se completa con la satisfacción a medias, con un hueco de hambre y sed, que nunca se llega a colmar.
El recurso de la mitología nos brinda la imagen para la comprensión de la conducta y el mito de Narciso es concluyente en la terrible frase del oráculo: "El niño tendrá larga vida si nunca se observe a sí mismo." Así en la no reflexión es donde puede sobrevivir este personaje. Sin embargo, Narciso, en castigo a su ser desalmado, es transformado en una planta que da unas flores muy bellas, de olor nauseabundo, y estéril de fruto y nos dice el mito que en este tipo de personas hay, a pesar de su apariencia, algo que huele muy mal.
Criterios diagnósticos del trastorno narcisista de la personalidad (TNP)
La DSM-IV divide los trastornos de la personalidad en tres grupos basándose en la similaridad de los síntomas. Esta agrupación categoriza al trastorno narcisista de la personalidad dentro del grupo B,(trastornos o desórdenes dramáticos, emocionales, o erráticos), de trastornos de la personalidad. Estos trastornos de personalidad tienen en común un sentimiento excesivo de la propia importancia. Así se incluyen también en este grupo el trastorno límite de la personalidad, el trastorno histriónico de la personalidad y el trastorno antisocial de la personalidad.
Sin embargo, la ICD-10 (Clasificación Internacional de Trastornos Mentales y de Comportamiento, publicada por la OMS en Ginebra, en 1992) considera al Trastorno Narcisista de la personalidad(TNP) como "un trastorno de personalidad que no encaja en ningún subapartado específico", y relega a la categoría conocida como "Otros trastornos específicos de personalidad", que incluye también a los trastornos de personalidad excéntrico, "inquieto", inmaduro, pasivo-agresivo, y psiconeurótico.
El TNP se caracteriza por un patrón generalizado de grandiosidad (en la fantasía o en el comportamiento), necesidad de admiración y carencia de empatía, con un comienzo en la adultez temprana y presente en una variedad de contextos, indicado por cinco (o más) de los siguientes:
1.Tiene un sentido grandioso de su propia importancia
2.Le absorben fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza, o amor ideal
3.Se considera especial y único, y sólo puede ser comprendido, y sólo debería asociarse con otras personas especiales o de alto estatus personal o institucional.
4.Requiere excesiva admiración (Es un síntoma que denota una baja autoestima y una gran preocupación por hacer bien el trabajo y por cómo son vistos por los demás).
5.Tiene un gran sentido de sus propios derechos. Piensa que se le debe todo. Tiene un sentido de "categoría" con irrazonables expectativas de un trato especialmente favorable o de una aceptación automática de sus deseos.
6.En sus relaciones interpersonales es explotador. Se aprovecha de los demás para conseguir sus propios fines (esperan que se les dé todo lo que deseen, sin importar lo que ello suponga para los demás, y pueden asumir que los demás están totalmente interesados en su bienestar).
7.Carece de empatía y es reacio a reconocer o identificar las necesidades y sentimientos de los demás.
8.Es frecuentemente envidioso de los demás o cree que los demás le tienen envidia (pueden llegar a devaluar a personas que hayan recibido una felicitación al pensar que ellos son más merecedores de la misma).
9.Muestra actitudes y comportamientos arrogantes y altivos o prepotentes.
Wyatt y Hare, en 1997 establecen:
"Clínicamente hablando, cualquier persona socialmente disfuncional que se siente autorizada a usar su poder para controlar a otras personas por las que se siente amenazada, o que vive una fantasía pretenciosa, en lugar de en la realidad, y que se ve a sí misma consistentemente como superior a sus compañeros y anhela ser reconocido como tal, reúne los requisitos del denominado trastorno narcisista de la personalidad"Por su parte Roy Baumeister, (1996), en su estudio sobre la violencia psicológica, estableció que en la raíz de la mayoría de las agresiones psicológicas se encuentran, de manera sistemática, individuos que presentan rasgos de una personalidad narcisista.
Teorías sobre el Trastorno Narcisista de la Personalidad y la vergüenza
Se ha sugerido que el TNP puede estar relacionado con mecanismos de defensa de la persona frente a la vergüenza[6]
Gabbard sugiere que el TNP puede ser subdividido en dos subtipos.[7] Observó los del tipo "inadvertido", (oblivious) con un comportamiento caracterizado por grandiosidad, arrogancia e inmutabilidad frente a la crítica ajena como a los sentimientos de los demás. Distinguió, además, un subtipo "hipervigilante", como vulnerables, hipersensibles y avergonzados. Sugirió que los sujetos del tipo inadvertido presentan un ego grande, poderoso y grandioso en espera de ser admirado, envidiado y apreciado, lo cual está en antítesis con el ego debilitado e internalizado que se esconde en un estado general de vergüenza, del cual el sujeto quiere defenderse. Sin embargo, en el subtipo hipervigilante, el sujeto, en lugar de defenderse contra el sentimiento de devaluación, está obsesionado con él, neutralizando esta sensación viendo a los demás como abusadores injustos.
Jeffrey Young, que acuñó el término "Terapia de los Esquemas", (encuadrada en la Terapia racional emotiva conductual) una técnica originalmente desarrollada por Aaron T. Beck (1979), también relaciona la vergüenza con el TNP. Él ve al llamado Esquema Defectivo como un esquema nuclear en el TNP, próximo a los Esquemas de Deprivación Emocional y de Derechos, (Entitlement).[8] El Esquema Defectivo se compensa con tres modos de esquema:(estrategias de emulación):
•Rendición: Escoge acompañantes críticos o significativos. Esto le coloca en una situación de inferioridad.
•Evitación: Evita compartir pensamientos y sentimientos "vergonzosos" con los acompañantes o personas significativas por temor al rechazo.
•Sobrecompensación: Se comporta de una forma crítica o superior con los demás. Trata de superarlo mediante el perfeccionismo.
Debe notarse que un individuo con este esquema puede no emplear los tres esquemas.
Aspectos sociales e implicaciones sociopolíticas de la patología narcisista
En psicología, la ontogenia remeda a la filogenia, y lo que es del individuo puede ser trasladado sin mayores dificultades a la sociedad; ya decían los alquimistas que "lo que está arriba está abajo" y que"lo que está adentro está afuera." Así podemos especular que lo que ocurre en el desarrollo del individuo también ocurre en el proceso de formación de las sociedades.
Siguiendo nuestra línea de pensamiento, las sociedades pasan por una etapa de narcisismo primario, como cuando las hordas bárbaras, invadiendo a Europa, se interesan sólo en sus necesidades instintuales, no reconocen al otro o a los otros y pasando a fuego y cuchillo por encima de pueblos y civilizaciones, las destruyen. Siendo estos últimos pueblos, posiblemente más sofisticados, se plantean dudas y son incapaces de entender la violencia desatada por las necesidades aniquilatorias de los más primitivos, esto signará su destino.
Por otra parte, diversos filósofos y sociólogos, han caracterizado la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI como una época 'narcisista'. Esta caracterización se refiere a algunas características de lo que también ha dado por ser llamado 'posmodernidad': ante el fracaso de la mayoría de las estructuras sociales de la modernidad, y especialmente después de las 2 guerras mundiales, parece que Occidente entró en un proceso de metamorfosis, conducido por un proceso de personalización, en el que el narcisismo juega un papel clave.
Especialmente, sociólogos como Christopher Lasch o Gilles Lipovetsky, han dedicado libros enteros a las nuevas características sociales de la posmodernidad, entre las cuales están: cultura del yo, expresivismo y énfasis en la exteriorización de la persona, desierto social y pérdida del sentido, indiferencia ante cualquier realidad que implique tomar postura, apatía total de la juventud, disolución de la política y preferencia por el ámbito privado en todos los sentidos, sobreinformación, consumo, democratización del conocimiento, y muchos otros factores que hacen posible hablar de la posmodernidad como una época 'narcisista' pues, a través del excesivo culto al yo, la identidad personal y su afirmación está muriendo: en la medida en que todos los procesos se democratizan y se da un énfasis tan terrible a la afirmación del yo genuino, éste temrina por diluirse en una multitud de 'yoes'.
Narcisismo colectivo
Freud, en "La civilización y sus descontentos" enuncia: "Es posible reunir a un considerable número de gente en amor mutuo, siempre que haya otra gente dejada fuera para recibir las manifestaciones de su agresividad"
Y Erich Fromm, en "Anatomía de la destructividad humana" dice:
"El narcisismo colectivo es una de las fuentes más importantes de agresión humana y sin embargo, como todas las demás formas de agresión defensiva, es reacción a un ataque contra intereses vitales. Difiere de otras formas de agresión defensiva en que el narcisismo intenso en sí es un fenómeno semipatológico. Considerando las causas y la función de sangrientas y crueles matanzas en masa como las ocurridas entre hindúes y musulmanes en el momento de la partición de la India o recientemente entre los musulmanes bengalíes y sus gobernantes paquistaníes, vemos que el narcisismo colectivo desempeña ciertamente un papel considerable, cosa nada sorprendente si tomamos en cuenta que nos las habemos con las poblaciones virtualmente más pobres y miserables del mundo entero."En su libro "Desórdenes de la personalidad en la Vida Moderna", Theodore Millon y Roger Davis afirman que el narcisismo patológico está reservado a "los nobles y los ricos", y que "parece haber ganado prominencia sólo en el siglo XX". De acuerdo con ellos, el narcisismo podría estar asociado con niveles superiores en la escala de necesidades de Maslow. Según ellos "Los individuos de naciones menos adelantadas.... están demasiado ocupados tratando (de sobrevivir)...para comportarse de una forma arrogante y grandiosa".Sin embargo, en opinión de Sam Vaknim (Malignant self-love) el narcisismo es un fenómeno ubicuo debido a que cada ser humano, independientemetne de la naturaleza de su sociedad y su cultura, desarrolla un narcisismo sano tempranamente en su vida. El narcisismo sano se convierte en patológico cuando se produce el abuso, y el abuso es un comportamiento humano universal. Por "abuso" entiende el rechazo a reconocer las fronteras emergentes del individuo. La represión, la hiperprotección, y las expectativas excesivas son conductas tan abusivas como el maltrato físico o el incesto.
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Publicado por Mané Castro Videla para Esparciendo las estrellas en el cielo... el 8/20/2011 08:00:00 PM
Un héroe beocio cuyo mito precavía a los muchachos a evitar ser crueles con sus amantes.
Narcisismo es en alusión al mito de Narciso, amor a la imagen de sí mismo.[1] Amor que dirige el sujeto a sí mismo tomado como objeto.[2]
Sigmund Freud introdujo dicho concepto en el área del psicoanálisis a través de su obra Introducción del narcisismo, noción que ya había utilizado con anterioridad en su obra, pero con una definición más difusa.
Si bien se puede aludir a una serie de rasgos propios de la personalidad normal, sin embargo el narcisismo puede también manifestarse como una forma patológica extrema en algunos desórdenes de la personalidad, como el trastorno narcisista de la personalidad, en que el paciente sobreestima sus habilidades y tiene una necesidad excesiva de admiración y afirmación.
Estos desórdenes pueden presentarse en un grado tal, que se vea severamente comprometida la habilidad de la persona para vivir una vida feliz o productiva al manifestarse dichos rasgos en la forma de egoísmo agudo y desconsideración hacia las necesidades y sentimientos ajenos.
En su uso coloquial designa un enamoramiento de sí mismo o vanidad basado en la imagen propia o ego.
La palabra procede del antiguo mito griego sobre el joven Narciso, de especial hermosura, quien se enamoró insaciablemente de su propia imagen reflejada en el agua.
La psicología humanista considera que el narcisismo patológico coincide con autoestima baja o errónea.[3]
Desde el punto de vista psicológico, se puede distinguir un significado psicogenético o psicoevolutivo: el narcisismo como un escalón necesario y ubicuo del desarrollo de la personalidad. Andrew P. Morrison, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, defiende que en los adultos, una razonable cantidad de narcisismo sano permite balancear la percepción individual de las propias necesidades en relación con los otros.[4]
Existe además el narcisismo patológico, diagnóstico de uso habitual en psiquiatría y de connotaciones negativas. Éste designa un rasgo de la personalidad, caracterizado por una baja autoestima acompañada de una exagerada sobrevaloración de la importancia propia y de un gran deseo de admiración por los demás. En la DSM-IV (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana, cuarta edición) existe un subapartado dentro de los trastornos de personalidad denominado Trastorno narcisista de la personalidad, (NPD), entendiéndose tal como una disfunción grave de personalidad.
Fuera del ámbito psicológico, los términos "narcisismo" y "narcisista" son frecuentemente utilizados peyorativamente denotando vanidad, presunción, egocentrismo o simple egocentría. Aplicado a un grupo social es frecuentemente utilizado para denotar elitismo o indiferencia a la difícil situación de los demás. En las situaciones de discusión, sin embargo, estos términos se utilizan para dibujar paralelismos entre las quejas sobre comportamientos centrados en uno mismo y el trastorno de personalidad narcisista más que hacia la autoestima sana.
El mito de Narciso
El relato más conocido sobre el mito de Narciso es el que Ovidio relató en su tercer libro de Las Metamorfosis en el año 43 a. C.
La tragedia comienza a gestarse ya desde la concepción del niño Narciso, puesto que él es fruto de la violencia sexual. El dios-río Cefiso, después de raptar y violar a la náyade Liriope, engendró en ella a un joven de espléndida belleza, a quien dieron por nombre Narciso. Preguntado sobre si el recién nacido tendría una larga vida, Tiresias, el sabio capaz de predecir el futuro, contestó cripticamente «Sí, siempre y cuando nunca se conozca a sí mismo.»
A lo largo de su vida, Narciso, va a provocar en hombres y mujeres, mortales y dioses, grandes pasiones, a las cuales no responde por su incapacidad para amar y para reconocer al otro. Según el relato de Ovidio, entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera y por ello ésta le había condenado a repetir las últimas palabras de todo cuanto se le dijera. Eco fue, por tanto, incapaz de hablarle a Narciso de su amor por él, pero un día, cuando él estaba caminando por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando Narciso preguntó «¿Hay alguien aquí?», Eco contenta respondió: «Aquí, aquí». Incapaz de verla oculta entre los árboles, él le gritó: «¡Ven!». Después de responder: «Ven, ven», Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor. Tentado por Afrodita, al contemplar su imagen en el espejo de la superficie del agua, sintió una fascinación por su propia imagen de la que no pudo sustraerse. No podía tocar ni abrazar al ser que veía reflejado en el agua, pero tampoco podía apartar su vista de él.
En otra versión del mito, uno de los menospreciados por Narciso se queja a los dioses y Némesis, la diosa de la venganza, se encarga de castigar su orgullo.
De cualquier modo, Narciso, subyugado por la bella imagen de sí mismo que le devolvía el río, se retrajo de toda posible relación amorosa con otros seres, e incluso de atender sus propias necesidades básicas, y su cuerpo se fue consumiendo para terminar convertido en la flor narciso, una flor tan hermosa como maloliente. Mientras tanto, Eco, consumida de melancolía, se retiró a una cueva donde su cuerpo también se consumió, quedando de ella solo una voz sin forma que repite, en la lejanía, la última frase o sílaba que se pronuncie
El narcisismo en el psicoanálisis
El neurólogo austríaco Sigmund Freud (1856-1939) y padre del psicoanálisis, introdujo el concepto de narcisismo en su ensayo de 1914 Introducción del narcisismo.[5]
En psicoanálisis se entiende por narcisismo una forma de estructuración de la personalidad, y una etapa del desarrollo del ser humano. Distinguen los psicoanalistas dos tipos: el narcisismo primario de los primeros meses de la existencia y donde el niño dirige toda sus energías a la satisfacción de sus necesidades. De una manera general, se refiere, con el término de narcisismo primario, al momento en que el niño se toma a sí mismo como objeto de amor, antes de elegir objetos externos. Todo su erotismo y/o energía libidinal es autodirigida y el mundo exterior no existe.
El narcisismo secundario, es un concepto que refiere en la extensa obra freudiana a dos ideas distintas:
•a) Una forma de designar estados mentales patológicos (narcisismo esquizofrenico, por ejemplo, o en la «neurosis narcisista», que es modo como Freud denominó inicialmente las psicosis, también a lo que hoy se llamaría depresiones mayores o endógenas) donde la investidura libidinal que previamente estaba puesta en objetos recae ahora, regresivamente sobre el yo;
•b)Una estructura estable (Yo realidad definitivo), donde no hay psicosis, porque existe equilibrio desde el punto de vista económico (flujo de energía psíquica libidinal). Las investiduras (catexis) estarían repartidas armónicamente entre los sistemas y los objetos; desde el punto de vista tópico se puede afirmar que el componente estructural «ideal del yo» y superyó definitivo, se generan a partir del llamado sepultamiento del Complejo de Edipo
Narcisismo patológico
Artículo principal: Trastorno narcisista de la personalidad
Epidemiología
Se estima que en la población general la prevalencia a lo largo de la vida es del 1%, y en las poblaciones clínicas está entre el 2 y el 16%. Entre el 50 y 75% de las personas diagnosticadas son varones.
Fisiopatología clínica
Resulta desconcertador para muchos el hecho de que el narcisista suele exhibir una aparente autoestima formidable, y socialmente aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad con ello el narcisista está camuflando su vacío interno, su carencia real de autoestima. En la infancia temprana de estos individuos se encuentra a menudo una actitud indiferente o minusvaloradora por parte de sus progenitores, lo cual les deja una inseguridad que tratan de compensar por medio de una autoevaluación exagerada, irreal e inflada, (Baumeister, 1996). Algunos clínicos explican la personalidad narcisista sobre la base de una carencia emocional temprana producida por una madre emocionalmente fría o indiferente, o con una agresividad encubierta hacia su hijo, (Piñuel, 2007). La consecuencia es que los narcisistas necesitan mirarse continuamente en el espejo de los demás para saber quiénes son, y al descubrir una pésima imagen de ellos mismos se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico. Las personas inteligentes, sanas, que se percatan de la artimaña, o que simplemente son más valiosas o agraciadas que ellas se convierten entonces para el narcisista en una amenaza para esa imagen artificial con la que el narcisista sustenta su autoestima, por lo que su comportamiento con ellos es manipulativo, y cuando la manipulación no surte efecto, perseguidor.
Los sujetos narcisistas poseen una autoestima muy vulnerable, siendo por esto muy sensible al "ultraje" de la crítica o la frustración; en relación con esto, las críticas pueden llegar a obsesionarles y hacer que se sientan hundidos y vacíos. Otro síntoma es el deterioro de sus relaciones sociales como consecuencia de su pretenciosidad y necesidad constante de admiración. Otro síntoma es la incapacidad para arriesgar nada por la posibilidad de frustración que ello conlleva.
En el ámbito social los narcisitas naufragan. Las demás personas sólo cuentan para ellos como posible fuente de gratificación, devolviéndoles la imagen de sí mismos cuya carencia les atormenta y que anhelan insaciablemente. Por ello suelen elegir profesiones que les proporcionen notoriedad social, reconocimiento o incluso fama.
Interpretación psicoanalítica
Desde el punto de vista freudiano de la psico-patología, la estructuración de una personalidad narcisística, implica una detención o fijación del desarrollo de la persona a etapas infantiles de profunda gratificación, o en una regresión del individuo a estos períodos, por su incapacidad para tolerar y enfrentar los retos y fracasos que la maduración y la vida le imponen (cf. André Green).
Rasgos de la personalidad narcisista
La personalidad narcisista se caracteriza por un patrón grandioso de vida, este se expresa en fantasías o modos de conducta que incapacitan al individuo para ver al otro. Su visión de las cosas es el patrón al cual el mundo debe someterse. Para los narcisistas el mundo se guía y debe obedecer a sus propios puntos de vista, los cuales considera irrebatibles, infalibles, auto-generados. Las cosas más obvias y corrientes, si se le ocurren a él o ella, deben ser vistas con admiración y se emborracha en la expresión de las mismas. Hay en el Narcisista una inagotable sed de admiración y adulación. Esta necesidad lo incapacita para poder reflexionar tranquilamente y valorar serenamente la realidad. Vive más preocupado por su actuación, en cuanto al efecto teatral y reconocimiento externo de sus acciones, que en la eficacia real y utilidad de las mismas. En resumen, las personas narcisistas, aún cuando pueden poseer una aguda inteligencia, esta se halla obnubilada por esa visión grandiosa de sí mismas y por su hambre de reconocimiento. Llama la atención, entonces, cómo muchas personas pudiendo ser exitosas, productivas y creativas, someten su vida a aduladoras mediocridades. Cuando los narcisistas ejercen posiciones de poder, se rodean de personas, que por su propia condición, son inferiores a él o ella, y de otras, que le harán la corte solo en función de un interés mezquino. Ellas, drogadas por su discurso auto-dirigido, no son capaces de reflexionar y escuchar lo que el mundo externo les grita.
En la otra cara de la moneda, la personalidad narcisista es, en sí misma, una forma de supervivencia. Hemos visto en el mito cómo Narciso es el producto de una acción terrible. La personalidad narcisista nace de una violencia, de un terrible trauma, de una herida inferida al individuo en sus primeras etapas del desarrollo o antes, cuando la herida es la madre y ella trasmite al hijo su resentimiento, su dolor, su rabia y su temor. Se refugia, el traumatizado, en su propia imagen de grandiosidad, ello le permite elevar su maltrecha auto-estima y sentirse un poco mejor consigo mismo. Su hambre insaciable de reconocimiento se asila en la admiración y la adulación de quienes lo circundan.
El narcisista es una persona que puede ser muy exitosa, en cuanto al brillo externo se refiere. Él no se plantea dudas en cuanto a la realidad de sus ideas, sean estas brillantes o no. Así vemos cómo personas con una inteligencia mediocre y una cultura pobre, escalan posiciones sorprendentes, para ellas el recapacitar no existe. Aún las más insulsas ideas son expresadas con un espíritu mesiánico, se enamoran de las ideas de otros y las hacen propias sin la más mínima consideración moral ni ética. Estos últimos logran capitalizar a una horda de Narcisistas depresivos que creen, ingenuamente, en la verdad expresada por el pseudo-maestro. Ellos lo seguirán fielmente, no importa cuán errado esté:
"Sobre la pena duermo solo y uno, pena es mi paz y pena mi batalla, perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel pero importuno."escribe Miguel Hernández, retratando esta suerte de personalidad del narcisista depresivo, siempre fiel, signada por la tristeza derrotada, que busca, con más ahínco que éxito, alguien en quién creer, alguien en quien confiar el remedio a sus miserias. De estas melancólicas soledades esperanzadas se nutre el Narcisismo. La simbiosis se completa con la satisfacción a medias, con un hueco de hambre y sed, que nunca se llega a colmar.
El recurso de la mitología nos brinda la imagen para la comprensión de la conducta y el mito de Narciso es concluyente en la terrible frase del oráculo: "El niño tendrá larga vida si nunca se observe a sí mismo." Así en la no reflexión es donde puede sobrevivir este personaje. Sin embargo, Narciso, en castigo a su ser desalmado, es transformado en una planta que da unas flores muy bellas, de olor nauseabundo, y estéril de fruto y nos dice el mito que en este tipo de personas hay, a pesar de su apariencia, algo que huele muy mal.
Criterios diagnósticos del trastorno narcisista de la personalidad (TNP)
La DSM-IV divide los trastornos de la personalidad en tres grupos basándose en la similaridad de los síntomas. Esta agrupación categoriza al trastorno narcisista de la personalidad dentro del grupo B,(trastornos o desórdenes dramáticos, emocionales, o erráticos), de trastornos de la personalidad. Estos trastornos de personalidad tienen en común un sentimiento excesivo de la propia importancia. Así se incluyen también en este grupo el trastorno límite de la personalidad, el trastorno histriónico de la personalidad y el trastorno antisocial de la personalidad.
Sin embargo, la ICD-10 (Clasificación Internacional de Trastornos Mentales y de Comportamiento, publicada por la OMS en Ginebra, en 1992) considera al Trastorno Narcisista de la personalidad(TNP) como "un trastorno de personalidad que no encaja en ningún subapartado específico", y relega a la categoría conocida como "Otros trastornos específicos de personalidad", que incluye también a los trastornos de personalidad excéntrico, "inquieto", inmaduro, pasivo-agresivo, y psiconeurótico.
El TNP se caracteriza por un patrón generalizado de grandiosidad (en la fantasía o en el comportamiento), necesidad de admiración y carencia de empatía, con un comienzo en la adultez temprana y presente en una variedad de contextos, indicado por cinco (o más) de los siguientes:
1.Tiene un sentido grandioso de su propia importancia
2.Le absorben fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza, o amor ideal
3.Se considera especial y único, y sólo puede ser comprendido, y sólo debería asociarse con otras personas especiales o de alto estatus personal o institucional.
4.Requiere excesiva admiración (Es un síntoma que denota una baja autoestima y una gran preocupación por hacer bien el trabajo y por cómo son vistos por los demás).
5.Tiene un gran sentido de sus propios derechos. Piensa que se le debe todo. Tiene un sentido de "categoría" con irrazonables expectativas de un trato especialmente favorable o de una aceptación automática de sus deseos.
6.En sus relaciones interpersonales es explotador. Se aprovecha de los demás para conseguir sus propios fines (esperan que se les dé todo lo que deseen, sin importar lo que ello suponga para los demás, y pueden asumir que los demás están totalmente interesados en su bienestar).
7.Carece de empatía y es reacio a reconocer o identificar las necesidades y sentimientos de los demás.
8.Es frecuentemente envidioso de los demás o cree que los demás le tienen envidia (pueden llegar a devaluar a personas que hayan recibido una felicitación al pensar que ellos son más merecedores de la misma).
9.Muestra actitudes y comportamientos arrogantes y altivos o prepotentes.
Wyatt y Hare, en 1997 establecen:
"Clínicamente hablando, cualquier persona socialmente disfuncional que se siente autorizada a usar su poder para controlar a otras personas por las que se siente amenazada, o que vive una fantasía pretenciosa, en lugar de en la realidad, y que se ve a sí misma consistentemente como superior a sus compañeros y anhela ser reconocido como tal, reúne los requisitos del denominado trastorno narcisista de la personalidad"Por su parte Roy Baumeister, (1996), en su estudio sobre la violencia psicológica, estableció que en la raíz de la mayoría de las agresiones psicológicas se encuentran, de manera sistemática, individuos que presentan rasgos de una personalidad narcisista.
Teorías sobre el Trastorno Narcisista de la Personalidad y la vergüenza
Se ha sugerido que el TNP puede estar relacionado con mecanismos de defensa de la persona frente a la vergüenza[6]
Gabbard sugiere que el TNP puede ser subdividido en dos subtipos.[7] Observó los del tipo "inadvertido", (oblivious) con un comportamiento caracterizado por grandiosidad, arrogancia e inmutabilidad frente a la crítica ajena como a los sentimientos de los demás. Distinguió, además, un subtipo "hipervigilante", como vulnerables, hipersensibles y avergonzados. Sugirió que los sujetos del tipo inadvertido presentan un ego grande, poderoso y grandioso en espera de ser admirado, envidiado y apreciado, lo cual está en antítesis con el ego debilitado e internalizado que se esconde en un estado general de vergüenza, del cual el sujeto quiere defenderse. Sin embargo, en el subtipo hipervigilante, el sujeto, en lugar de defenderse contra el sentimiento de devaluación, está obsesionado con él, neutralizando esta sensación viendo a los demás como abusadores injustos.
Jeffrey Young, que acuñó el término "Terapia de los Esquemas", (encuadrada en la Terapia racional emotiva conductual) una técnica originalmente desarrollada por Aaron T. Beck (1979), también relaciona la vergüenza con el TNP. Él ve al llamado Esquema Defectivo como un esquema nuclear en el TNP, próximo a los Esquemas de Deprivación Emocional y de Derechos, (Entitlement).[8] El Esquema Defectivo se compensa con tres modos de esquema:(estrategias de emulación):
•Rendición: Escoge acompañantes críticos o significativos. Esto le coloca en una situación de inferioridad.
•Evitación: Evita compartir pensamientos y sentimientos "vergonzosos" con los acompañantes o personas significativas por temor al rechazo.
•Sobrecompensación: Se comporta de una forma crítica o superior con los demás. Trata de superarlo mediante el perfeccionismo.
Debe notarse que un individuo con este esquema puede no emplear los tres esquemas.
Aspectos sociales e implicaciones sociopolíticas de la patología narcisista
En psicología, la ontogenia remeda a la filogenia, y lo que es del individuo puede ser trasladado sin mayores dificultades a la sociedad; ya decían los alquimistas que "lo que está arriba está abajo" y que"lo que está adentro está afuera." Así podemos especular que lo que ocurre en el desarrollo del individuo también ocurre en el proceso de formación de las sociedades.
Siguiendo nuestra línea de pensamiento, las sociedades pasan por una etapa de narcisismo primario, como cuando las hordas bárbaras, invadiendo a Europa, se interesan sólo en sus necesidades instintuales, no reconocen al otro o a los otros y pasando a fuego y cuchillo por encima de pueblos y civilizaciones, las destruyen. Siendo estos últimos pueblos, posiblemente más sofisticados, se plantean dudas y son incapaces de entender la violencia desatada por las necesidades aniquilatorias de los más primitivos, esto signará su destino.
Por otra parte, diversos filósofos y sociólogos, han caracterizado la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI como una época 'narcisista'. Esta caracterización se refiere a algunas características de lo que también ha dado por ser llamado 'posmodernidad': ante el fracaso de la mayoría de las estructuras sociales de la modernidad, y especialmente después de las 2 guerras mundiales, parece que Occidente entró en un proceso de metamorfosis, conducido por un proceso de personalización, en el que el narcisismo juega un papel clave.
Especialmente, sociólogos como Christopher Lasch o Gilles Lipovetsky, han dedicado libros enteros a las nuevas características sociales de la posmodernidad, entre las cuales están: cultura del yo, expresivismo y énfasis en la exteriorización de la persona, desierto social y pérdida del sentido, indiferencia ante cualquier realidad que implique tomar postura, apatía total de la juventud, disolución de la política y preferencia por el ámbito privado en todos los sentidos, sobreinformación, consumo, democratización del conocimiento, y muchos otros factores que hacen posible hablar de la posmodernidad como una época 'narcisista' pues, a través del excesivo culto al yo, la identidad personal y su afirmación está muriendo: en la medida en que todos los procesos se democratizan y se da un énfasis tan terrible a la afirmación del yo genuino, éste temrina por diluirse en una multitud de 'yoes'.
Narcisismo colectivo
Freud, en "La civilización y sus descontentos" enuncia: "Es posible reunir a un considerable número de gente en amor mutuo, siempre que haya otra gente dejada fuera para recibir las manifestaciones de su agresividad"
Y Erich Fromm, en "Anatomía de la destructividad humana" dice:
"El narcisismo colectivo es una de las fuentes más importantes de agresión humana y sin embargo, como todas las demás formas de agresión defensiva, es reacción a un ataque contra intereses vitales. Difiere de otras formas de agresión defensiva en que el narcisismo intenso en sí es un fenómeno semipatológico. Considerando las causas y la función de sangrientas y crueles matanzas en masa como las ocurridas entre hindúes y musulmanes en el momento de la partición de la India o recientemente entre los musulmanes bengalíes y sus gobernantes paquistaníes, vemos que el narcisismo colectivo desempeña ciertamente un papel considerable, cosa nada sorprendente si tomamos en cuenta que nos las habemos con las poblaciones virtualmente más pobres y miserables del mundo entero."En su libro "Desórdenes de la personalidad en la Vida Moderna", Theodore Millon y Roger Davis afirman que el narcisismo patológico está reservado a "los nobles y los ricos", y que "parece haber ganado prominencia sólo en el siglo XX". De acuerdo con ellos, el narcisismo podría estar asociado con niveles superiores en la escala de necesidades de Maslow. Según ellos "Los individuos de naciones menos adelantadas.... están demasiado ocupados tratando (de sobrevivir)...para comportarse de una forma arrogante y grandiosa".Sin embargo, en opinión de Sam Vaknim (Malignant self-love) el narcisismo es un fenómeno ubicuo debido a que cada ser humano, independientemetne de la naturaleza de su sociedad y su cultura, desarrolla un narcisismo sano tempranamente en su vida. El narcisismo sano se convierte en patológico cuando se produce el abuso, y el abuso es un comportamiento humano universal. Por "abuso" entiende el rechazo a reconocer las fronteras emergentes del individuo. La represión, la hiperprotección, y las expectativas excesivas son conductas tan abusivas como el maltrato físico o el incesto.
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Publicado por Mané Castro Videla para Esparciendo las estrellas en el cielo... el 8/20/2011 08:00:00 PM
EL INCONSCIENTE
"Todo lo reprimido tiene que permanecer inconsciente...lo reprimido es una parte de lo inconsciente."(Freud, XIV:161)
Se tiene una vida mental e interior que es dinámica, con fuerzas psíquicas que están en constante movimiento y que intentan salir hacia fuera, proyectándose en la vida de cada día. Nuestro comportamiento, claro está, como seres humanos, es condicionado por experiencias, motivaciones y miedos que no siempre conocemos, ni controlamos, en ese sentido:
"Hay cosas que se olvidan precisamente para conservarlas de por vida".
Y desde allí, desde ese lugar de saber, construido con olvidos, gobiernan parte de nuestras vidas. A ese lugar Freud lo llama inconsciente, memoria de nuestra satisfacción libidinal que puede retornar en el síntoma. Desde el principio hasta el final de su elaboración teórica Freud concibe el síntoma como una solución de compromiso entre una fuerza que exige satisfacción y otra que se opone. Por eso no es tan fácil que los síntomas por los que una persona consulta a un analista, desaparezcan porque están formando parte de su economía libidinal.
El inconsciente no es un baúl de recuerdos de hechos y sensaciones vividas y olvidadas, sino que es un conjunto de fuerzas dinámicas que directa o indirectamente dirigen nuestro comportamiento. En el mundo interno de la persona existen pulsiones y fuerzas dinámicas desconocidas, así como emociones y sentimientos que fueron rechazados al inconsciente sin que la persona tuviera conocimiento de ello.
Reconocer y aceptar la existencia del inconsciente, y que éste condiciona nuestra conducta y forma de pensar, es una herida para el narcisismo humano que cree dominarlo todo. No todo nuestro actuar es objetivo, ni coherente, ni del todo razonable. Existen muchas decisiones y formas de actuar que son incomprensibles, como la manifestación externa de un mundo interior desconocido que está siempre activo y que no controlamos.
Hay situaciones que no tienen una explicación racional y lógica y que encuentran su razón de ser en el inconsciente:
-Tener lapsus, olvidos no deseados, totalmente involuntarios.
-Reaccionar de una manera violenta ante ciertas personas y situaciones, sin que uno sepa por qué.
-Tropezar una y mil veces con la misma piedra, y no poder hacer nada para evitarlo.
-Tener miedos, temores irracionales y sin sentido, y no poder librarse de ellos: Miedo a viajar en avión, a los perros, a la oscuridad, a los espacios cerrados, etc.
-Creer que una persona es buena y todo lo hace bien, aunque mucha gente te demuestre lo contrario, o al revés, sientes una gran antipatía por una persona que no conoces.
-Ser muy sensible a cualquier broma o comentario, aunque sea sin mala intención.
El inconsciente siempre intenta liberar tensiones y buscar el máximo de satisfacción, sin tener en cuenta lo que está permitido personal y moralmente. Una persona puede comerse muchos dulces aunque sepa que le hacen daño.
No tiene en cuenta ni el tiempo ni el lugar. En los momentos más inesperados podemos tener sentimientos de ansiedad, de miedo o de celos; sin saber por qué, ni de dónde vienen. Uno de los ejemplos más claros son los sueños, donde se mezclan hechos y experiencias pasadas sin relación alguna entre ellos.
No hay principio de contradicción. Una persona puede amar y odiar a la vez a una misma cosa o persona. Ejemplo.
Admirar a una persona por su coraje y entrega a los demás y rechazarla por ser tímida y antipática.
En nuestro mundo inconsciente no existe la duda, y difícilmente se puede modificar con razonamientos objetivos aquello que internamente se vive como una gran certeza.
El inconsciente es indiferente a la realidad externa. Un ejemplo aproximativo sería distraerse y pensar en las vacaciones precisamente en el momento del trabajo.
En nuestro mundo interno hay muchas experiencias y afectos relacionados con hechos ocurridos hace tiempo, y que la persona no recuerda en absoluto. Pero, a pesar de ello, pueden aflorar repentinamente en la memoria sin que uno sepa cómo ni por qué.
Remitirnos al inconsciente, es ese saber, que Freud nos enseña que sólo puede darse de un modo indirecto, mediante los datos que suministran los sueños, los actos fallidos, los test proyectivos y sobre todo, la historia de síntomas neuróticos y psicóticos. El inconsciente, es psíquicamente positivo, en constante evolución y cargado de energía psíquica.
La existencia del inconsciente se puede establecer por el contenido y modo de actuar. Dentro de los contenidos se pueden encontrar los argumentos que el propio Freud describe en su escrito "Lo inconsciente" de 1915 que a continuación se menciona:
-Una conciencia de la que su propio portador nada sabe es algo diverso de una conciencia ajena.
-El análisis apunta que los diversos procesos anímicos latentes que discernimos gozan de un alto grado de independencia recíproca, como si no tuvieran conexión alguna entre sí y nada supieran unos de otros.
-Por la investigación analítica llegamos a saber que una parte de estos procesos latentes poseen caracteres y peculiaridades que nos parecen extraños y aun increíbles, y contrarían directamente las propiedades de la conciencia que nos son familiares.
Entablar la existencia del inconsciente así como la percepción del mundo exterior Kantiano, donde el sujeto cognoscente percibe esa realidad desde sus esquemas a priori, llega a la conclusión
"Como lo físico, tampoco lo psíquico es necesariamente la realidad según se nos aparece.
No obstante, nos dispondremos satisfechos a experimentar que la enmienda de la percepción interior no ofrece dificultades tan grandes como de la percepción exterior, y que el objeto interior es menos incognoscible que el mundo exterior" (Freud,XIV:167).
En términos generales, se puede afirmar que el Inconsciente (Icc):
Está constituido por contenidos reprimidos a los que ha sido rehusado el acceso al sistema Pcc-Cc por la acción de la represión.
-Sus contenidos son representantes de las pulsiones.
-Estos contenidos están regidos por los mecanismos específicos del proceso primario- la condensación y el desplazamiento.
-Son sometidos a las deformaciones por la censura
-Son especialmente los deseos infantiles los que experimentan una fijación en el inconsciente.
-Las representaciones inconscientes se hallan ordenadas en forma de fantasías, guiones imaginarios a los cuales se fija la pulsión y que pueden concebirse como verdaderas escenificaciones del deseo.
-El Icc es algo que se constituye.
-El núcleo del Icc consiste en agencias representantes de pulsión que quieren descargar su investidura, por tanto, en mociones de deseo.
-Los procesos del sistema Icc son atemporales y tienen sustitución de la realidad exterior por la psíquica.
La atemporalidad del inconsciente es una de las características más conocidas de la metapsicología freudiana.
Este funcionar ajeno a la temporalidad ha encontrado entre los psicoanalistas una de las más tranquilas aceptaciones y concordancias respecto a su objeto de estudio. Aunque quizá con ello, todo lo que se quiera decir no es sino que las reminiscencias de las que sufre el neurótico no son desgastadas por el paso del tiempo y estas son consideradas como actuales y vigentes.
Publicado por Mané Castro Videla para Largas Noches Largas... el 8/20/2011 07:36:00 PM
Se tiene una vida mental e interior que es dinámica, con fuerzas psíquicas que están en constante movimiento y que intentan salir hacia fuera, proyectándose en la vida de cada día. Nuestro comportamiento, claro está, como seres humanos, es condicionado por experiencias, motivaciones y miedos que no siempre conocemos, ni controlamos, en ese sentido:
"Hay cosas que se olvidan precisamente para conservarlas de por vida".
Y desde allí, desde ese lugar de saber, construido con olvidos, gobiernan parte de nuestras vidas. A ese lugar Freud lo llama inconsciente, memoria de nuestra satisfacción libidinal que puede retornar en el síntoma. Desde el principio hasta el final de su elaboración teórica Freud concibe el síntoma como una solución de compromiso entre una fuerza que exige satisfacción y otra que se opone. Por eso no es tan fácil que los síntomas por los que una persona consulta a un analista, desaparezcan porque están formando parte de su economía libidinal.
El inconsciente no es un baúl de recuerdos de hechos y sensaciones vividas y olvidadas, sino que es un conjunto de fuerzas dinámicas que directa o indirectamente dirigen nuestro comportamiento. En el mundo interno de la persona existen pulsiones y fuerzas dinámicas desconocidas, así como emociones y sentimientos que fueron rechazados al inconsciente sin que la persona tuviera conocimiento de ello.
Reconocer y aceptar la existencia del inconsciente, y que éste condiciona nuestra conducta y forma de pensar, es una herida para el narcisismo humano que cree dominarlo todo. No todo nuestro actuar es objetivo, ni coherente, ni del todo razonable. Existen muchas decisiones y formas de actuar que son incomprensibles, como la manifestación externa de un mundo interior desconocido que está siempre activo y que no controlamos.
Hay situaciones que no tienen una explicación racional y lógica y que encuentran su razón de ser en el inconsciente:
-Tener lapsus, olvidos no deseados, totalmente involuntarios.
-Reaccionar de una manera violenta ante ciertas personas y situaciones, sin que uno sepa por qué.
-Tropezar una y mil veces con la misma piedra, y no poder hacer nada para evitarlo.
-Tener miedos, temores irracionales y sin sentido, y no poder librarse de ellos: Miedo a viajar en avión, a los perros, a la oscuridad, a los espacios cerrados, etc.
-Creer que una persona es buena y todo lo hace bien, aunque mucha gente te demuestre lo contrario, o al revés, sientes una gran antipatía por una persona que no conoces.
-Ser muy sensible a cualquier broma o comentario, aunque sea sin mala intención.
El inconsciente siempre intenta liberar tensiones y buscar el máximo de satisfacción, sin tener en cuenta lo que está permitido personal y moralmente. Una persona puede comerse muchos dulces aunque sepa que le hacen daño.
No tiene en cuenta ni el tiempo ni el lugar. En los momentos más inesperados podemos tener sentimientos de ansiedad, de miedo o de celos; sin saber por qué, ni de dónde vienen. Uno de los ejemplos más claros son los sueños, donde se mezclan hechos y experiencias pasadas sin relación alguna entre ellos.
No hay principio de contradicción. Una persona puede amar y odiar a la vez a una misma cosa o persona. Ejemplo.
Admirar a una persona por su coraje y entrega a los demás y rechazarla por ser tímida y antipática.
En nuestro mundo inconsciente no existe la duda, y difícilmente se puede modificar con razonamientos objetivos aquello que internamente se vive como una gran certeza.
El inconsciente es indiferente a la realidad externa. Un ejemplo aproximativo sería distraerse y pensar en las vacaciones precisamente en el momento del trabajo.
En nuestro mundo interno hay muchas experiencias y afectos relacionados con hechos ocurridos hace tiempo, y que la persona no recuerda en absoluto. Pero, a pesar de ello, pueden aflorar repentinamente en la memoria sin que uno sepa cómo ni por qué.
Remitirnos al inconsciente, es ese saber, que Freud nos enseña que sólo puede darse de un modo indirecto, mediante los datos que suministran los sueños, los actos fallidos, los test proyectivos y sobre todo, la historia de síntomas neuróticos y psicóticos. El inconsciente, es psíquicamente positivo, en constante evolución y cargado de energía psíquica.
La existencia del inconsciente se puede establecer por el contenido y modo de actuar. Dentro de los contenidos se pueden encontrar los argumentos que el propio Freud describe en su escrito "Lo inconsciente" de 1915 que a continuación se menciona:
-Una conciencia de la que su propio portador nada sabe es algo diverso de una conciencia ajena.
-El análisis apunta que los diversos procesos anímicos latentes que discernimos gozan de un alto grado de independencia recíproca, como si no tuvieran conexión alguna entre sí y nada supieran unos de otros.
-Por la investigación analítica llegamos a saber que una parte de estos procesos latentes poseen caracteres y peculiaridades que nos parecen extraños y aun increíbles, y contrarían directamente las propiedades de la conciencia que nos son familiares.
Entablar la existencia del inconsciente así como la percepción del mundo exterior Kantiano, donde el sujeto cognoscente percibe esa realidad desde sus esquemas a priori, llega a la conclusión
"Como lo físico, tampoco lo psíquico es necesariamente la realidad según se nos aparece.
No obstante, nos dispondremos satisfechos a experimentar que la enmienda de la percepción interior no ofrece dificultades tan grandes como de la percepción exterior, y que el objeto interior es menos incognoscible que el mundo exterior" (Freud,XIV:167).
En términos generales, se puede afirmar que el Inconsciente (Icc):
Está constituido por contenidos reprimidos a los que ha sido rehusado el acceso al sistema Pcc-Cc por la acción de la represión.
-Sus contenidos son representantes de las pulsiones.
-Estos contenidos están regidos por los mecanismos específicos del proceso primario- la condensación y el desplazamiento.
-Son sometidos a las deformaciones por la censura
-Son especialmente los deseos infantiles los que experimentan una fijación en el inconsciente.
-Las representaciones inconscientes se hallan ordenadas en forma de fantasías, guiones imaginarios a los cuales se fija la pulsión y que pueden concebirse como verdaderas escenificaciones del deseo.
-El Icc es algo que se constituye.
-El núcleo del Icc consiste en agencias representantes de pulsión que quieren descargar su investidura, por tanto, en mociones de deseo.
-Los procesos del sistema Icc son atemporales y tienen sustitución de la realidad exterior por la psíquica.
La atemporalidad del inconsciente es una de las características más conocidas de la metapsicología freudiana.
Este funcionar ajeno a la temporalidad ha encontrado entre los psicoanalistas una de las más tranquilas aceptaciones y concordancias respecto a su objeto de estudio. Aunque quizá con ello, todo lo que se quiera decir no es sino que las reminiscencias de las que sufre el neurótico no son desgastadas por el paso del tiempo y estas son consideradas como actuales y vigentes.
Publicado por Mané Castro Videla para Largas Noches Largas... el 8/20/2011 07:36:00 PM
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