sábado, 24 de septiembre de 2011

PALABRAS QUE CURAN

En lo más profundo, todos sabemos que hay alguien que estamos destinados a Ser.

Y podemos sentir cuándo nos vamos convirtiendo en ese alguien.
Lo contrario también es verdad:
sabemos cuando algo no encaja y no somos la persona que estábamos destinados a ser.
Consciente o inconscientemente, todos buscamos respuestas, intentando aprender las lecciones de la vida.
Andamos a tientas por miedo y culpa.
Vamos en busca de sentido, amor y poder.
Tratamos de comprender el miedo, la pérdida, el tiempo.
Tratamos de descubrir quiénes somos y cómo podemos llegar a ser realmente.
Sin embargo, con demasiada frecuencia los buscamos en el dinero, en la condición social, en el trabajo ’perfecto’, o en otros lugares, sólo para descubrir que estas cosas carecen del sentido que esperábamos encontrar y que incluso nos producen angustia.
Seguir estas pistas falsas sin una comprensión más profunda de su significado nos deja inevitablemente con una sensación de vacío, creyendo que la vida tiene muy poco o ningún sentido, que el amor y la felicidad son tan sólo espejismos.
De modo que ¿Por qué esperar hasta el final para aprender las lecciones que podríamos aprender ahora?
La lección del miedo, la de la culpa, la de la ira, la del perdón, la de la entrega, la del tiempo, la de la paciencia, la del amor, la de las relaciones, la del juego, la de la pérdida, la del poder, la de la autenticidad, y la de la felicidad.
Nos han puesto en la tierra para aprender nuestras propias lecciones.
Nadie puede decirnos cuáles son; descubrirlas forma parte de nuestro viaje personal.
Aprenderemos que no estamos solos sino mutuamente conectados, que el amor nos hace crecer, que nuestras relaciones nos enriquecen.
El amor es realmente lo único que podemos poseer, conservar y llevarnos con nosotros.”
Texto extraído del libro: Palabras que curan de Àlex Rovira

Publicado por Mané Castro Videla para Esparciendo las estrellas en el cielo... el 9/24/2011 08:08:00 AM

NI TU NI YO SOMOS LO MISMO

El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión.

Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios.
Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
-¿No estás enfadado, señor?
-No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
-¿Por qué?
Y el Buda dijo:
-Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada.
El Maestro dice:
Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable.

Publicado por Mané Castro Videla para Esparciendo las estrellas en el cielo... el 9/23/2011 08:57:00 AM