miércoles, 12 de febrero de 2014

El Papa afirma que la Eucaristía impulsa al perdón y a salir al encuentro de los demás

El Papa afirma que la Eucaristía impulsa al perdón y a salir al encuentro de los demás 
 Miercoles 12 Feb 2014 | 11:18 am 
 Francisco, en la catequesis de esta mañana. ver más Ciudad del Vaticano (AICA): Francisco dedicó la catequesis de este miércoles a la Eucaristía, interpelando sobre qué relación tiene la Eucaristía con la vida del cristiano. ¨Quien celebra la Eucaristía no lo hace porque sea mejor que los demás, sino porque se reconoce necesitado de la misericordia de Dios¨, subrayó. “La Eucaristía no es un mero recuerdo de algunos dichos y hechos de Jesús. Es obra y don de Cristo que sale a nuestro encuentro y nos alimenta con su Palabra y su vida”, puntualizó.
El papa Francisco dedicó su catequesis de este miércoles durante la audiencia general a la Eucaristía y marcó tres señales concretan que descubren la relación de ésta con el modo de vivir con los demás, la gracia de sentirnos perdonados y dispuestos a perdonar y entre la celebración eucarística y la vida de las comunidades cristianas.
 “¿Cómo vivimos la Eucaristía... cuando vamos a misa los domingos? ¿Es sólo una ocasión de fiesta, una tradición consolidada, un motivo para encontrarnos y sentir que hemos cumplido o es algo más?”, se preguntó el Santo Padre.
 “En la Eucaristía -precisó- Cristo actúa siempre de nuevo su entrega en la Cruz. Toda su vida fue una total entrega de sí por amor...Por eso le gustaba estar con los discípulos y con la gente que conocía y esto significaba para él compartir sus anhelos y problemas...Cuando nosotros participamos en la misa nos encontramos con tantas personas, pero ¿la Eucaristía me lleva a sentirlos como hermanos y hermanas? ¿Me empuja a ir hacia los pobres, los enfermos, los marginados, a reconocer en ellos el rostro de Jesús?”
 Al referirse a la segunda relación, reflexionó: “En realidad quien celebra la Eucaristía no lo hace porque cree que es mejor que los demás, sino porque siente la necesidad de ser siempre acogido y regenerado por la misericordia de Dios, hecha carne en Jesucristo. Si cada uno de nosotros no siente necesidad de la misericordia de Dios, no se siente pecador, es mejor que no vaya a misa. Vamos a misa porque somos pecadores y queremos recibir el perdón de Dios, participar en la redención de Jesús, en su perdón”.
 “El ‘Yo confieso’ que decimos al principio, no es una fórmula, es un verdadero acto de penitencia.....En ese pan y ese vino que ofrecemos y alrededor de los que nos reunimos, se renueva cada vez el don del cuerpo y la sangre de Cristo por la remisión de los pecados...Tenemos que ir a misa humildemente, como pecadores y el Señor nos reconcilia”, agregó.
 Al referirse a la relación entre la celebración eucarística y la vida de las comunidades cristianas, sostuvo que “hay que tener siempre claro que la Eucaristía no es algo que hacemos nosotros; no es una conmemoración nuestra de lo que Jesús dijo e hizo. No. Es obra de Cristo; es un don de Cristo, que se hace presente y nos reúne a su alrededor para nutrirnos con su Palabra y su vida. Esto significa que la misión y la identidad de la Iglesia brotan de allí: de la Eucaristía y siempre allí asumen forma”.
 “Una celebración puede resultar impecable, bellísima, desde un punto de vista externo, pero si no nos lleva al encuentro con Jesucristo, corre el peligro de no aportar alimento alguno a nuestro corazón y a nuestra vida. A través de la Eucaristía, Cristo quiere entrar en nuestra existencia y llenarla de su gracia, de modo que en cualquier comunidad cristiana haya coherencia entre liturgia y vida”, subrayó.
 Francisco finalizó su catequesis invitando a vivir la Eucaristía “con espíritu de fe y de oración, de perdón, de penitencia, de preocupación por los necesitados y por las necesidades de tantos hermanos y hermanas nuestros con la certeza de que el Señor cumplirá lo que ha prometido: la vida eterna”.
 Tras la catequesis, Francisco saludó a los peregrinos de lengua española, en particular a los miembros de la Hermandad matriz de Nuestra Señora del Rocío, acompañados por el Obispo de Huelva, así como a los demás grupos provenientes de España, México, Argentina, y otros países latinoamericanos.
 El pontífice insistió en invitar a los católicos a vivir la Eucaristía con espíritu de fe y de oración, sabiendo que quien come el Cuerpo de Cristo y bebe su Sangre tendrá la vida eterna.
 También saludó a una delegación de la República Checa, que incluía a obispos de ese país que participaron de la visita “ad limina”, a quienes pidió que recen por él y bendijo a la Iglesia y a la población checa así como a las coronas para el Baluarte de la Tierra Bohemia, un antiquísimo icono de la Virgen María con el Niño Jesús que se venera en Stará Boleslav, a pocos kilómetros de Praga y a la que el pueblo recurre siempre en ocasión de guerras o peligros para el país y la población checas.+
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