jueves, 30 de octubre de 2014

Francisco: La vida cristiana es un combate continuo contra el demonio

Francisco: La vida cristiana es un combate continuo contra el demonio 
 Jueves 30 Oct 2014 | 11:21 am 
Ciudad del Vaticano (AICA): “Para ir adelante en la vida espiritual se debe combatir. No es un simple enfrentamiento sino un combate continuo, no contra las cosas pequeñas, sino contra los principados y las potencias, es decir contra el diablo y los suyos”, expresó al papa Francisco en la homilía de la misa matutina, celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta. “Ciertamente la salvación que nos da Jesús es gratuita, pero estamos llamados a defenderla, dijo Francisco y “necesitamos el escudo de la fe, porque el diablo no nos lanza flores, sino flechas en llamas para matarnos”, expresó el Santo Padre y concluyó “pero no se desanimen. Valentía y fuerza, porque el Señor está con nosotros”. 

 “Para ir adelante en la vida espiritual se debe combatir. No es un simple enfrentamiento sino un combate continuo, no contra las cosas pequeñas, sino contra los principados y las potencias, es decir contra el diablo y los suyos”, expresó al papa Francisco en la homilía de la misa matutina, celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta.
 El Santo Padre centró su homilía en las palabras de san Pablo que, dirigiéndose a los Efesios, “desarrolla en un lenguaje militar la vida cristiana”. El Pontífice subrayó que “la vida en Dios se debe defender, se debe luchar para llevarla adelante”. Por tanto, se necesitan fuerza y valentía “para resistir y anunciar”. Para “ir adelante en la vida espiritual”, señaló, se debe combatir. No es un simple enfrentamiento, no, es un “combate continuo”. Francisco recordó que son tres “los enemigos de la vida cristiana”: “el demonio, el mundo y la carne”, es decir nuestras pasiones, “que son las heridas del pecado original”. Ciertamente, observó, “la salvación que nos da Jesús es gratuita”, pero estamos llamados a defenderla:
 “¿De qué debo defenderme? ¿Qué debo hacer? ‘Ponerme la armadura de Dios’, nos dice Pablo, es decir lo que es de Dios nos defiende, para resistir a las insidias del diablo. ¿Está claro? Claro. No se puede pensar en una vida espiritual, digamos en una vida cristiana, sin resistir a las tentaciones, sin luchar contra el diablo, sin ponerse esta armadura de Dios, que nos da la fuerza y nos defiende”.
 San Pablo, prosiguió el Papa, destaca que “nuestra batalla” no es contra las cosas pequeñas, “sino contra los principados y las potencias, es decir contra el diablo y los suyos”.
 “Pero a esta generación -y a muchas otras- se les hizo creer que el diablo fuese un mito, una figura, una idea, la idea del mal. Pero el diablo existe y nosotros debemos luchar contra él. Lo dice Pablo ¡no lo digo yo! La Palabra de Dios lo dice. Pero nosotros no estamos tan convencidos. Y después Pablo dice cómo es esta armadura de Dios, cuáles son las distintas armaduras que componen esta gran armadura de Dios. Y él dice: ‘Estén firmes, pues, estén firmes, ceñida su cintura con la verdad’. Esta es una armadura de Dios: la verdad”.
 “El diablo -dijo- es el mentiroso, el padre de los mentirosos, el padre de la mentira”. Y con san Pablo, reiteró que es necesario tener “a los flancos la verdad, llevando la coraza de la justicia”. Por lo tanto, indicó que “no se puede ser cristiano, sin trabajar continuamente para ser justos. No se puede”. Una cosa que “nos ayudaría mucho”, afirmó, “sería preguntarnos” si “¿creo o no creo?”. “Si creo un poco sí y un poco no”. “¿Soy un poco mundano y un poco creyente?”. Y subrayó que “sin fe no se puede seguir adelante, no se puede defender la salvación de Jesús”. “Necesitamos el escudo de la fe”, porque “el diablo no nos lanza flores”, sino “flechas en llamas” para matarnos. Francisco exhortó pues, a tomar “el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios”. Y ha invitado a rezar constantemente, a velar “con oraciones y súplicas”:
 “La vida es una milicia. La vida cristiana es una lucha, una lucha bellísima, porque cuando el Señor vence en cada paso de nuestra vida, nos da una alegría, una felicidad grande: esa alegría porque el Señor venció en nosotros, con la gratuidad de su salvación. Pero sí, todos somos un poco vagos en la lucha, y nos dejamos llevar por las pasiones, por algunas tentaciones. Es porque somos pecadores, ¡todos! Pero no se desanimen. Valentía y fuerza, porque el Señor está con nosotros”.+
Publicar un comentario