lunes, 28 de septiembre de 2015

En el vuelo, Francisco dijo que el desafío de la Iglesia es estar cerca de la gente


En el vuelo, Francisco dijo que el desafío de la Iglesia es estar cerca de la gente 
 Lunes 28 Sep 2015 | 10:27 am 
 Francisco, en la rueda de prensa concedida en el vuelo

Ciudad del Vaticano (AICA): Francisco brindó una conferencia de prensa a los 40 periodistas que viajaron con él en su visita apostólica a Cuba y a los Estados Unidos. El Santo padre abordó diversos asuntos, entre ellos la visita a los dos países, los abusos sexuales por parte del clero, la crisis migratoria en Europa, el acuerdo de paz entre Colombia y las FARC, el Sínodo de Obispos sobre la Familia, el próximo Jubileo de la Misericordia, los recientes bombardeos del gobierno francés al Estado Islámico (EI) en Siria y la reforma en los procesos de nulidad matrimonial.

 En el vuelo de regreso a Roma, Italia, luego de su visita apostólica a Cuba y los Estados Unidos, el papa Francisco concedió una rueda de prensa a los 40 periodistas que viajaron con él. En ella abordó diversos asuntos, entre ellos la visita a los dos países, los abusos sexuales por parte del clero, la crisis migratoria en Europa, el acuerdo de paz entre Colombia y las FARC, el Sínodo de Obispos sobre la Familia, el próximo Jubileo de la Misericordia, los recientes bombardeos del gobierno francés al Estado Islámico (ISIS) en Siria y la reforma en los procesos de nulidad matrimonial.
 Fue su primera visita a los Estados Unidos, ¿qué le sorprendió y qué fue diferente respecto a lo que esperaba? 
 - Sí, fue la primera visita, nunca estuve aquí. Me sorprendió el calor de la gente, tan amable, una cosa bella y también diferente. En Washington un recibimiento caluroso pero un poco más formal, en Nueva York un poco extralimitado, y en Filadelfia muy expresivo. Tres modalidades diversas, pero la misma acogida. Me impresionó mucho el recibimiento, las ceremonias religiosas y la piedad, la religiosidad. Se veía a la gente rezar y esto me impresionó mucho, mucho, fue muy bello.
 ¿Hubo algún desafío o provocación que no se esperaba en los Estados Unidos? 
 - No, gracias a Dios no. Todo fue bien, no hubo ninguna provocación, todos educados. Ningún insulto, no, ninguna cosa fea. No, no.
 ¿Y sobre los desafíos? ¿Los obispos? 
 - Tenemos que continuar trabajando con este pueblo creyente como han trabajado hasta ahora, acompañando al pueblo en el crecimiento de sus cosas buenas y en sus dificultades, acompañándolos en la alegría, en los momentos malos, de dificultades, cuando no hay trabajo, en la enfermedad. El desafío de la Iglesia hoy, es como fue siempre, estar cercana a la gente, próxima al pueblo de los Estados Unidos, con proximidad. No una Iglesia separada del pueblo, sino próxima. Este es un desafío que la Iglesia de los Estados Unidos entendió bien y quiere hacerlo.
 Muchos en Filadelfia se preguntarán sobre el tema de los abusos sexuales ¿por qué tuvo necesidad de ofrecer palabras de consuelo a los obispos? 
 - En Washington hablé a todos los obispos de los Estados Unidos, estaban todos, de todas las ciudades. Sentí la necesidad de expresar la compasión porque pasó una cosa feísima. Y muchos de ellos sufrieron porque no sabían esto o cuando explotó el asunto sufrieron mucho.
 Hombres de Iglesia, de oración, verdaderos pastores, y yo dije que sabía que ellos -usé una palabra de la Biblia, del Apocalipsis- “ustedes son los que vienen de la gran tribulación” y eso es lo que sucedió, fue una gran tribulación, pero no solo el sufrimiento afectivo, es lo que dije al grupo de personas abusadas, fue no digo una apostasía, pero casi un sacrilegio.
 Cuando los abusos, lo sabemos, están por todas partes, están en el entorno familiar, en el entorno vecinal, en las escuelas, en los gimnasios, pero cuando un sacerdote comete un abuso es gravísimo porque la vocación del sacerdote es hacer crecer a ese niño, esa niña, hacia el amor de Dios, hacia la madurez afectiva, hacia el bien. En vez de hacer eso, lo ha impulsado al mal y por esto es casi un sacrilegio. Y él ha traicionado la vocación, la llamada del Señor, por esto la Iglesia en este momento también sufre. No se debe encubrir.
 También son culpables los que han tapado estas cosas, también hay algunos obispos que taparon esto. Es una cosa feísima y las palabras de consuelo no son decir: “estate tranquilo, no es nada”. No, no, no. Fue así, pero fue muy feo. “Me imagino que han llorado mucho…” en ese sentido fueron esas palabras. Y hoy hablé muy duro.
 Hay muchos sacerdotes que cometieron abusos sexuales a menores y no pidieron perdón a sus víctimas. ¿Usted los perdona? Y por otra parte, ¿usted entiende a las víctimas y a las familias que no logran perdonar o no quieren perdonar? 
 - Si una persona ha hecho mal, es consciente de lo que hizo y no pide perdón, yo le pido a Dios que lo tenga en cuenta. Yo lo perdono, pero él no recibe el perdón. Está cerrado al perdón. Una cosa es dar el perdón. Todos estamos obligados a perdonar porque todos fuimos perdonados, pero otra cosa es recibir el perdón y si ese sacerdote está cerrado al perdón no lo recibe porque él cerró la puerta con la llave desde adentro y lo que queda es rezar para que el Señor le abra esa puerta. O sea, para dar el perdón hay que estar dispuesto, pero no todos lo pueden recibir, lo saben recibir o no están dispuestos a recibirlo. Es duro lo que estoy diciendo y así se explica que haya gente que termine su vida dura, mal, sin recibir la caricia de Dios.
 Sobre las víctimas y sus familias que no pueden perdonar o no quieren perdonar. Sí, los comprendo, rezo por ellos y no los juzgo, rezo por ellos. Una vez en una de estas reuniones me encontré con varias personas y una mujer me dijo: “cuando mi madre se enteró de que me habían abusado blasfemó contra Dios, perdió la fe y murió atea”.
 Yo la comprendo a esa mujer. La comprendo. Y Dios, que es más bueno que yo, la comprende. Y estoy seguro de que a esa mujer Dios la recibió porque lo que fue manoseado, lo que fue destrozado era su propia carne, la carne de su hija. Yo la comprendo. No juzgo a alguien que no puede perdonar. Rezo y le pido a Dios, porque Dios es un campeón en buscar caminos de solución. Pido que lo arregle.
 Sobre el proceso de paz en Colombia, entre las FARC y el gobierno. ¿Usted se siente un poco parte de este acuerdo? 
 - Cuando tuve la noticia de que en marzo se va a firmar el acuerdo le dije al Señor: “Señor haz que lleguemos a marzo, que se llegue con esta bella intención porque faltan pequeñas cosas pero la voluntad existe de ambas partes. Existe”. Tenemos que llegar a marzo al acuerdo definitivo. Queda el punto de la justicia internacional. Yo me quedé contentísimo y me sentí parte en el sentido de que yo siempre quise esto. Hablé dos veces con el presidente Santos sobre este problema, y la Santa Sede, no solo yo, está muy abierta a ayudar como pueda.
 Quería preguntarle sobre la crisis migratoria. Muchos países están construyendo nuevos muros. ¿Qué piensa sobre esto? 
 - Usted usó una palabra: crisis. Se convierte en un estado de crisis después de un proceso largo. Esto es el resultado de un proceso de años, porque las guerras de las que aquella gente huye son guerras de años. El hambre es hambre de años. Cuando yo pienso en África, esto es un poco simple, pero lo digo como ejemplo. Pienso en África, el continente explotado y ahora vienen las guerras tribales, pero tienen detrás intereses económicos. Y yo pienso que antes de explotar un continente, un país, una guerra, se podrían hacer inversiones para que aquella gente tenga trabajo y así evitar esta crisis.
 Es verdad, es una crisis de refugiados, como dije en el Capitolio, nunca vista desde la Segunda Guerra Mundial. Y usted me pregunta sobre las barreras. Usted sabe cómo terminan los muros. Todos, todos los muros caen, hoy, mañana, o dentro de cien años, pero todos caen. No es una solución. El muro no es una solución. En este momento Europa está en dificultades es verdad. Debemos ser inteligentes porque viene toda una ola migratoria y no es fácil encontrar soluciones. Pero con el diálogo entre países deben encontrarlas. Los muros nunca son la solución. En cambio, los puentes sí. Siempre. Siempre. Eso es lo que pienso sobre los muros y las barreras. No son una solución. El problema permanece y permanece con más odio.
 Santo Padre, usted antes del Sínodo en su corazón de pastor ¿quiere realmente una solución para los divorciados vueltos a casar y qué responde a los que temen que con esta reforma venga la creación de facto del llamado divorcio católico?
 - En la reforma de los procesos, del modo, cerré la puerta a la vía administrativa, que era la vía por la cual podía entrar el divorcio. Y se puede decir que aquellos que piensan en el divorcio católico, se equivocan, porque este último documento cerró la puerta al divorcio que podía entrar, y era más fácil, por la vía administrativa, siempre estará la vía judicial.
 Sobre el documento: este estuvo pedido por la mayoría de los padres sinodales en el Sínodo del año pasado, acelerar los procesos, porque hay procesos que duraban diez, quince años, en una sentencia, y luego otra sentencia, y una apelación y otra apelación y no se terminaba nunca.
 La doble sentencia, cuando era válida y que no había apelación fue introducida por el Papa Lambertini, Benedicto XIV, porque en Centroeuropa, no digo el país, había algunos abusos, y para pararlos él introdujo esto (la doble sentencia), pero no es una cosa esencial al proceso. Los procesos cambian y la jurisprudencia cambia y se mejora siempre. En ese momento era urgente hacerlo. Luego Pío X quiso acelerar e hizo alguna cosa pero no tuvo el tiempo o la posibilidad de completarlo. Los padres sinodales pidieron el aceleramiento del proceso de nulidad matrimonial. Este Motu Proprio, facilita los procesos en el tiempo, pero no es un divorcio, porque el matrimonio es indisoluble cuando es sacramento, y esto la Iglesia no lo puede cambiar, es doctrina, es un sacramento indisoluble.
 El procedimiento legal es para probar que eso que parecía un sacramento no era sacramento por falta de libertad, por ejemplo, o por falta de madurez, o por enfermedad mental, pero tantos son los motivos que llevan luego de un estudio, una investigación, a decir 'no, ahí no hubo un sacramento', por ejemplo, porque esa persona no era libre. Un ejemplo que ahora no es común pero en algunos sectores en la sociedad es común, al menos en Buenos Aires era, el matrimonio cuando la novia estaba embarazada, deben casarse, yo en Buenos Aires al sacerdote les aconsejaba con fuerza casi prohibía hacer el matrimonio en esta condición, nosotros lo llamamos matrimonio de apuro, para cubrir todas las apariencias, y el niño nace, algunos van bien pero no hay la libertad y luego va mal se separan y si 'yo he estado forzado a hacer el matrimonio porque debía cubrir esta situación', esta es una causa de nulidad. Las causas de nulidad, ustedes pueden buscarlas en internet, están todas ahí, son tantas.
 Después el problema de los divorciados que están en una segunda unión, ustedes lean, lo tiene, el Instrumentum Laboris, aquello que se discute, a mí me parece un poco simple decir que en el Sínodo la solución de estas personas es que puedan comulgar, esa no es la solución. El problema de la nueva unión, de los divorciados, no es el único problema, en el Instrumentum Laboris hay tantos, por ejemplo los jóvenes no se casan, no quieren casarse, es un problema pastoral para la Iglesia, otro problema la madurez afectiva para el matrimonio, otro problema la fe, “yo creo, que esto es por siempre , si, si, si creo”, pero ¿creo? la preparación para el matrimonio. Yo pienso tantas veces que para ser sacerdote hay una preparación de ocho años, y luego, como no es definitivo, la Iglesia puede quitarte el estado clerical, para casarse para toda la vida se hacen cuatro cursos cuatro veces, hay algo que no va, el Sínodo debe pensar bien cómo hacer la preparación al matrimonio, es una de las cosas difíciles, pero todo está listado en el Instrumentum Laboris, pero me gusta que me haga esta pregunta sobre el divorcio católico, eso no existe, o no hubo matrimonio, esto es nulidad, no existió, y si existió es indisoluble, esto es claro.
 Santo Padre, usted apoya a las personas, incluso funcionarios del gobierno, que por objeción de conciencia no llevarían adelante por ejemplo una legislación en favor del matrimonio homosexual ¿Usted apoyaría también este tipo de reivindicaciones en el marco de la libertad religiosa? 
 - No puedo conocer todos los casos que pueden existir de objeción de conciencia. Pero sí puedo decir que la objeción de conciencia es un derecho que entra en los derechos humanos. Es un derecho.
 Y si una persona no permite hacer objeción de conciencia, niega un derecho. En cada estructura judicial debe entrar la objeción de conciencia porque es un derecho, un derecho humano. En caso contrario, terminamos en la selección de los derechos: este es un derecho de calidad, este es un derecho de no calidad, este... Es un derecho humano.
 A mí siempre, y esto va en mi contra, siempre me conmovió cuando de joven leí muchas veces “La Chanson de Roland”, cuando estaban todos los mahometanos en fila y delante estaba la pila bautismal, o la espada. Y tenían que elegir. No le estaba permitido la objeción de conciencia. No, es un derecho y si tenemos que hacer paz, hay que respetar todos los derechos. ¡Es un derecho humano! Si el funcionario de gobierno es una persona humana, tiene ese derecho. Es un derecho humano.
 El presidente de Holanda anunció el inicio de bombardeos de parte de Francia contra las bases del EI, en Siria. ¿Qué piensa de esta acción militar? 
 - La verdad es que tuve noticias antes de ayer y no leí, la verdad es que no conozco bien la situación como fue. Escuché decir que Rusia tenía una posición, los Estados Unidos aún no estaba claro. La verdad, no sé qué decirte, no entendí bien la cosa. Pero cuando escucho la palabra bombardeo, muerte, sangre, repito lo que dije en el Congreso y en las Naciones Unidas: hay que evitar estas cosas, pero no sé, la situación política no la juzgo porque no la conozco.
 Sobre la relación de la Santa Sede y China, ¿qué piensa? 
 - China es una gran nación que aporta al mundo una gran cultura, tantas cosas buenas, yo dije una vez en el avión cuando estábamos regresando de Corea, me gustaría tanto ir a China, yo amo al pueblo chino, lo quiero tanto, yo espero que se den las posibilidades de buenas relaciones, tenemos contactos, hablamos, andar adelante, para mí tener un país amigo como China que tiene tanta cultura y tanta posibilidad de hacer el bien sería una alegría.
 Santo Padre, después de este viaje, ¿se siente más poderoso? ¿Veremos alguna vez mujeres sacerdotes en la Iglesia católica? 
 - Las monjas en los Estados Unidos hicieron maravillas. En el campo de la educación, en el campo de la salud. El pueblo de los Estados Unidos ama a las monjas; no sé cuánto ama a los curas, pero a las monjas las ama, las ama mucho. Son buenas, son mujeres estupendas. Cada una sigue a su congregación, sus reglas, hay diferencias. Pero son magníficas. Y por eso yo me sentí en la obligación de agradecer todo lo que hicieron.
 Una persona importante del gobierno norteamericano me dijo en estos días: “Yo, lo que tengo de cultura, se lo debo primariamente a las monjas”. Las monjas tienen escuelas en todos los barrios, ricos, pobres, trabajan con los pobres en los hospitales.
 Sobre sentirse poderoso: uo no sé si tuve éxito o no. Pero yo tengo miedo de mí mismo. Porque me siento siempre débil, no sé, en el sentido de no tener el poder, pero también el poder es una cosa pasajera, hoy está y mañana no está. Es importante si tú con el poder puedes hacer el bien. Y Jesús definió el poder: el verdadero poder es servir. Hacer los servicios más humildes. Y yo tengo todavía que avanzar en este camino del servicio, porque siento que no hago todo lo que debo hacer. Ese es el sentido que yo tengo del poder.
 Y sobre las mujeres sacerdotes. Eso no puedo hacerlo. El papa san Juan Pablo II, después de largos tiempos de reflexión, lo dijo claramente. ¡No porque las mujeres no tengan la capacidad! Mira que en la Iglesia son más importantes las mujeres que los hombres. Porque la Iglesia es mujer. La Iglesia, no es el iglesia. La Iglesia es la esposa de Jesucristo. Y la Virgen es más importante que los papas y los obispos, y que los curas. Hay una cosa que debo reconocerte: nosotros estamos un poco con retraso en una elaboración de la teología de la mujer; debemos avanzar en esa teología. Eso sí es verdad. Gracias
 Usted se convirtió en una estrella. ¿Es bueno para la Iglesia que el Papa sea una estrella? 
 - ¿Tú sabes cuál era el título que usaban los papas y que se debe usar? “Siervo de los siervos de Dios”. Es un poco diferente de una estrella. Las estrellas son bonitas para verlas. Pero el Papa debe ser el siervo de los siervos de Dios. Sí, en los medios se usa esto, pero hay otra verdad: cuántas estrellas hemos visto que después se apagan y caen, es una cosa pasajera. En cambio, ser el siervo de los siervos de Dios, esto es bello, no pasa. Así lo pienso.+
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