lunes, 28 de octubre de 2013

La familia fortalecida en el amor de Dios es “sal de la tierra”

La familia fortalecida en el amor de Dios es “sal de la tierra” 
 Lunes 28 Oct 2013 | 11:10 am
Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco presidió la Misa de clausura de la Jornada de la Familia, enmarcada en el Año de la Fe y que comenzó el sábado 26 de octubre, con la asistencia de 150.000 personas provenientes de más de 70 países. El Santo Padre les dijo durante la homilía, que “la familia que vive la alegría de la fe la comunica espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para la sociedad”, porque “las familias cristianas son familias misioneras”. Francisco presidió la Eucaristía en el exterior de la basílica de San Pedro ante miles de personas que nuevamente llenaban la plaza de San Pedro.

 El papa Francisco presidió la Misa de clausura de la Jornada de la Familia, enmarcada en el Año de la Fe y que comenzó el sábado 26 de octubre, con la asistencia de 150.000 personas provenientes de más de 70 países.
 El Santo Padre centró su homilía en la familia que reza. “Quisiera preguntarles a ustedes, queridas familias: ¿Rezan alguna vez en familia? Algunos sí, lo sé. Pero muchos me dicen: ¿Cómo se hace? La oración es algo personal, y además nunca se encuentra el momento oportuno, tranquilo”, dijo. Sí, es verdad, pero es “también cuestión de humildad, de reconocer que tenemos necesidad de Dios”, añadió.
 El Papa afirmó que para rezar se requiere “sencillez”. “Rezar juntos el Padrenuestro, alrededor de la mesa, se puede hacer. Y rezar juntos el rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza. Y rezar el uno para el otro”, aseveró.
 Luego abordó otro aspecto: la familia que conserva la fe. “¿De qué manera conservamos nosotros la fe? ¿La tenemos para nosotros, en nuestra familia, como un bien privado, o sabemos compartirla con el testimonio, con la acogida, con la apertura hacia los demás?”, se preguntó. Todos sabemos que las familias, especialmente las más jóvenes, van con frecuencia “a la carrera”, están muy ocupadas; “pero ¿han pensado alguna vez que esta carrera puede ser también la carrera de la fe?”, dijo. “Las familias cristianas son familias misioneras, en la vida de cada día, haciendo las cosas de todos los días, poniendo en todo la sal y la levadura de la fe”.
 Un último aspecto -refirió- lo encontramos de la Palabra de Dios: la familia que vive la alegría. En el Salmo responsorial se encuentra esta expresión: “Que los humildes lo escuchen y se alegren”, recordó. “Todo este Salmo -explicó- es un himno al Señor, fuente de alegría y de paz. Y ¿cuál es el motivo de esta alegría? Es éste: El Señor está cerca, escucha el grito de los humildes y los libra del mal. Lo escribía también San Pablo: ¡Alégrense siempre! el Señor está cerca”.
 El Pontífice señaló que “la verdadera alegría viene de la armonía profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenerse mutuamente en el camino de la vida”. Y en la base de este sentimiento de alegría profunda “está la presencia de Dios en la familia, está su amor acogedor, misericordioso, respetuoso hacia todos. Sólo Dios sabe crear la armonía de las diferencias”. Para el papa, si falta el amor de Dios, también la familia pierde la armonía, prevalecen los individualismos y se apaga la alegría. Por el contrario -subrayó-, “la familia que vive la alegría de la fe la comunica espontáneamente, es sal de la tierra y luz del mundo, es levadura para la sociedad”.
 Angelus del Papa 
 Al final de la misa, Francisco dirigió una oración ante una imagen de la Sagrada Familia de Nazaret y encomendó a Jesús, María y José, a todas las familias para que se renueve en ellas las maravillas de la gracia.
 “Y ahora juntos rezaremos el Ángelus, dijo finalmente el Santo Padre. Con esta oración, invocamos la protección de María para las familias de todo el mundo, especialmente para aquellas que viven en situaciones de mayor dificultad. ¡María, Reina de la Familia, ruega por nosotros! Digámoslo todos juntos: ¡María, Reina de la Familia, ruega por nosotros! ¡María, Reina de la Familia, ruega por nosotros!
 La fiesta de las familias junto al papa Francisco 
 La Jornada de las familias comenzó en la víspera. Fue una fiesta donde hubo reflexiones, música, narración de cuentos a los niños y testimonios, hasta que el papa Francisco hizo su aparición con un globo naranja en la mano y tomando a varios niños que portaban globos de diferentes colores. Ya en el estrado, el pontífice preguntó a los presentes si sabían hacer el signo de la cruz y, al asentir, les dijo: “Pues vamos a hacerlo juntos”.
 Después de la canción “We are the world” (“Somos el mundo”) interpretada en inglés por un coro de niños, todos los globos fueron soltados y pintaron el cielo de colores. Sentado en la butaca del estrado, el papa siguió los testimonios y canciones con atención, mientras las escaleras se llenaban de niños a los pies del pontífice. Después de escuchar a ancianos, familias con y sin dificultades, jóvenes desempleados y emigrantes llegados de África, el Papa se dirigió a los presentes y habló de la familia y del matrimonio.
 Aludió al divorcio, al considerar que “no hay que hacer caso a esta cultura de lo provisional que rompe la vida en pedazos”. “Los esposos cristianos no son ingenuos, pero no tienen miedo de responder ante Dios y ante la sociedad”, destacó. Explicó que el matrimonio es un “largo viaje que deben hacer juntos, que dura toda la vida y necesita la ayuda de Jesús”.
 Para el papa, hay tres palabras fundamentales para la convivencia en familia -permiso, gracias y perdón- y pidió: “Que nunca terminemos la jornada sin hacer las paces”. Dar las gracias todos los días al otro es bello, aseguró, a la vez que resaltó la importancia de dar explicaciones “cuando alguno se ofende en familia”.
 También se refirió a los abuelos, de los que dijo que son “la sabiduría de un pueblo y un pueblo que no escucha a sus ancianos es un pueblo que muere”. El Consejo Pontificio de las Familias, que organizó el acto, señaló que entre los miles de personas presentes se encontraban numerosos niños y ancianos, “para destacar la sucesión generacional que tiene lugar en la familia”.
 Durante la tarde se celebró el concurso “Talentos de Familia” en el que se presentaron diecinueve canciones, de las cuales tres fueron seleccionadas y se escucharon durante la fiesta de las familias, la primera de ellas interpretada por un joven italiano, la segunda por un peruano y la tercera por un congolés.
 Otro de los actos organizados por el Consejo Pontificio de la Familia fue el concurso “Presenta tu familia al papa Francisco”, para el que fueron enviados más de 4.000 dibujos elaborados por niños de todo el mundo. A las 19.30 hora local, el pontífice saludó a los participantes y ya de noche subió al “papamóvil” para moverse entre los asistentes, que lo abrazaban y besaban.+

 Texto del discurso del Papa
Jornada Mundial de la Familia 
 Discurso del papa Francisco a las familias que llegaron en peregrinación la Jornada Mundial de la Familia en el Año de la Fe (Roma, 26 de octubre de 2013) 

 ¡Queridas familias, ¡'buona sera' y bienvenidas a Roma! 

 Han venido aquí como peregrinos desde muchas partes del mundo, para profesar la fe delante de la tumba de San Pedro. Esta plaza los acoge y abraza: somos un solo pueblo, con una sola alma, convocados por el Señor que nos ama y sostiene. Saludo también a todas las familias que están unidas a través de la televisión y de internet: una plaza que se extiende sin confines. 
 Quisieron llamar a este momento “¡La familia vive la alegría de la fe!”. Me gusta este título. He escuchado las experiencias de ustedes, los casos que han contado. Vi tantos niños, tantos abuelos... Sentí la tristeza de las familias que viven en situación de pobreza y de guerra. He oído a los jóvenes que se quieren casar, aún entre mil dificultades. Y entonces nos preguntamos: ¿Cómo es posible, hoy, vivir la alegría de la fe en familia? ¿Es posible o no es posible vivir esta alegría? 
 En el evangelio de Mateo hay una palabra de Jesús que nos ayuda: 'Vengan a mí todos los que están cansados y oprimidos, que yo los aliviaré'. Muchas veces la vida es pesada y tantas veces trágica, lo hemos apenas escuchado. Trabajar es fatigoso; buscar trabajo es fatiga y encontrar trabajo hoy nos pide tanta fatiga. 
 Pero lo que más pesa en la vida no es esto, lo que más pesa es la falta de amor. Pesa no recibir una sonrisa, no ser acogidos. Pesan ciertos silencios, a veces aún en familia, entre marido y esposa, entre padres e hijos, entre hermanos. Sin amor el cansancio se hace más pesado. Pienso en los ancianos solos, en las familias en dificultad porque no tienen ayuda para sostener a quienes en casa precisan de especiales atenciones y cuidados. 'Vengan a mí todos los que están cansados y oprimidos', dice Jesús. 
 Queridas familias, el Señor conoce nuestros cansancios y los pesos de nuestra vida. Pero conoce también nuestro deseo profundo de hallar la alegría del alivio. ¿Se acuerdan? Jesús dijo: “Su alegría sea plena'. Jesús quiere que nuestra alegría sea plena. 
 Lo dijo a los apóstoles, y hoy lo repite a todos nosotros. Así, esta es la primera cosa que quiero compartir con ustedes en esta tarde, y es una palabra de Jesús: Vengan a mí, familias de todo el mundo -dice Jesús- y yo los aliviaré para que la alegría de ustedes sea completa'. 
 Y esta palabra de Jesús llévenla a casa, en el corazón, compártanla en familia, él nos invita a ir hacia él para darnos a todos la alegría. 
 La segunda palabra, la tomo del rito del matrimonio. En este sacramento, quien se casa dice: 'Prometo serte fiel, amarte y respetarte, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad, y de honrarte y amarte todos los días de nuestra vida'. En aquel momento, los esposos no saben qué sucederá, no saben cuáles son las alegrías y las tristezas que les esperan. Parten, como Abraham; se ponen juntos en camino. Esto es el matrimonio, partir y caminar juntos, tomados de las dadas, entregándose en la mano grande del Señor. Mano en la mano por toda la vida y sin hacer caso de esta cultura de lo provisorio que nos corta la vida a pedazos. 
 Con esta confianza en la fidelidad de Dios, todo se enfrenta, sin miedo, con responsabilidad. Los esposos cristianos no son ingenuos, conocen los problemas y los peligros de la vida. Pero no tienen miedo de asumir la propia responsabilidad, delante de Dios y de la sociedad. Sin huir ni aislarse, sin renunciar a la misión de formar una familia y traer al mundo hijos. 
 Pero hoy, santo padre, es difícil. ¡Seguro que es difícil! Por eso, es necesaria la gracia del sacramento. Los sacramentos no sirven para decorar la vida; ¡qué lindo matrimonio, qué linda la ceremonia, qué linda la fiesta! Eso no es la gracia del sacramento, eso es una decoración y la gracia no es para decorar la vida sino para hacernos fuertes en la vida, para hacernos corajudos y poder ir adelante! Sin aislarse, siempre juntos.
 Los cristianos se casan sacramentalmente porque son conscientes de que necesitan el sacramento. Necesitan a este para vivir unidos entre sí y cumplir la misión de padres. 'En la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad'. Así dicen los esposos en el matrimonio y rezan juntos y con la comunidad, ¿por qué? ¿Solamente porque es costumbre hacerlo así? No, lo hacen porque les sirve para el largo viaje que deben hacer juntos, no a tramos, necesitan de la ayuda de Jesús para caminar juntos con confianza, para aceptarse el uno al otro cada día y perdonarse cada día. 
 Y esto es importante en las familias, saber perdonarse, porque todos tenemos defectos, y a veces hacemos cosas que no son buenas y les hacen mal a los otros. Tener el coraje de pedir perdón en familia cuando nos equivocamos. Hace pocas semanas recordé en esta plaza que para llevar adelante una familia es necesario usar tres palabras, quiero repetirlo, tres palabras: permiso, gracias y perdón. Tres palabras claves. 
 Pidamos permiso para no ser invasores. En familia: ¿Puedo hacer esto, te gusta que haga esto? El leguaje del permiso. Demos gracias, gracias por el amor. ¿Cuántas veces al día le dices gracias a tu mujer o a tu marido? ¿Cuántos días pasan sin decir esta palabra: gracias. 
 Y todos nos equivocamos, y a veces alguno se ofende en la familia, o en el matrimonio. A veces, digo, vuelan los platos, se dicen palabras fuertes, pero escuchen este consejo: no terminen la jornada sin hacer la paz cada día. Disculpa y se recomienza. Permiso, gracias, perdón. ¿Lo decimos juntos?: Permiso, gracias, disculpa, usemos estas tres palabras en familia, perdonarse cada día. 
 En la vida, la familia experimenta muchos momentos hermosos: el descanso, la comida juntos, el paseo hasta el parque o por los campos, la visita a los abuelos, o a una persona enferma... Pero, si falta el amor, faltará la alegría, faltará la fiesta. Porque el amor nos lo da siempre Jesús: él es la fuente inagotable y se da a nosotros en la Eucaristía. Allí en el sacramento, Jesús nos da su palabra y el pan de la vida, para que nuestra alegría sea completa. 
 Y para concluir, está aquí delante de nosotros, este ícono de la presentación de Jesús en el templo. Es un ícono verdaderamente bello e importante. Contemplémoslo y dejémonos ayudar por esta imagen. Como todos ustedes, también los protagonistas de la escena tienen su camino: María y José se pusieron en camino, yendo como peregrinos a Jerusalén, obedeciendo a la ley del Señor; y también el viejo Simeón y la profetisa Ana, también ella muy anciana, van al templo impelidos por el Espíritu Santo. La escena nos muestra este entrecruzarse de tres generaciones: el entrelazarse de tres generaciones, 
 Simeón toma en los brazos al niño Jesús, en quien reconoce al Mesías, y Ana es representada en el gesto de alabar a Dios y anunciar la salvación a quien esperaba la redención de Israel. Estos dos ancianos representan la fe como memoria. 
 Y les pregunto: ¿Ustedes escuchan a los abuelos? ¿le abren el corazón a la memoria que nos dan los abuelos? Los abuelos son la sabiduría de la familia, la sabiduría de un pueblo, y un pueblo que no escucha a los abuelos es un pueblo que muere. Hay que escuchar a los abuelos. 
 María y José son la familia santificada por la presencia de Jesús que es el cumplimiento de todas las promesas. Cada familia, como la de Nazaret, está insertada en la historia de un pueblo y no puede existir sin las generaciones anteriores. Y por ello tenemos aquí a los abuelos. Los abuelos y los niños. Los niños aprenden de los abuelos y de las generaciones anteriores.
Queridas familias, también ustedes son parte del pueblo de Dios. Caminen felices, juntamente con este pueblo. Permanezcan siempre unidas a Jesús y llévenlo a todos con vuestro testimonio. Gracias por haber venido. Juntos, hagamos nuestras estas palabras de san Pedro, que nos dan fuerza y continuarán a darnos fuerza en los momentos difíciles: '¿Señor, a quién iremos? ¡Tú tienes palabras de vida eterna!'. ¡Con la gracia de Cristo, vivan la alegría de la fe! ¡El Señor los bendiga y María, nuestra Madre, los proteja y acompañe! 
 Francisco
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