martes, 30 de diciembre de 2014

Mensaje del Santo Padre para la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015


Mensaje del Santo Padre para la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015
 Martes 30 Dic 2014 | 11:45 am
Ciudad del Vaticano (AICA): La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer esta mañana el Mensaje del Santo Padre para la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015. “El tema de este año, dice el papa Francisco al comienzo de su mensaje, nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: ‘Yo era ojos para el ciego y pies para el lisiado’. Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón”, señaló el Pontífice. “La sabiduría del corazón que “no es un conocimiento teórico, abstracto o fruto de razonamientos, precisó Francisco, sino una “actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios”.

 La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer esta mañana el Mensaje del Santo Padre para la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015.
 “El tema de este año, dice el papa Francisco al comienzo de su mensaje, nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: ‘Yo era ojos para el ciego y pies para el lisiado’. Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón”, señaló el Pontífice.
 “La sabiduría del corazón que “no es un conocimiento teórico, abstracto o fruto de razonamientos, precisó Francisco, sino una “actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios”.
 La Jornada Mundial del Enfermo, instituida por san Juan Pablo II en 1992, se celebra el 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes.

 Texto íntegro del Mensaje del papa Francisco
Sapientia cordis. Yo era ojos para el ciego y pies para el lisiado (Jb 29,15) 
Mensaje del papa Francisco con ocación de la XXIII Jornada Mundial del Enfermo 2015 (Ciudad del Vaticano, 30 de diciembre de 2014) 

 Queridos hermanos y hermanas: 

 Con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a ustedes que lleván el peso de la enfermedad y de diferentes modos están unidos a la carne de Cristo sufriente; así como también a ustedes, profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario. 
 El tema de este año nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: “Yo era ojos para el ciego y pies para el lisiado”. Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón. 
 1. Esta sabiduría no es un conocimiento teórico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe Santiago en su Carta, es “pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía”. Por tanto, es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocación del Salmo: “¡A contar nuestros días enséñanos / para que entre la sabiduría en nuestro corazón!”. En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los frutos de la Jornada Mundial del Enfermo. 
 2. Sabiduría del corazón es servir al hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras “Yo era ojos para el ciego y pies para el lisiado”, se pone en evidencia la dimensión de servicio a los necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta en el servicio al pobre que pide ayuda, así como también en el ocuparse del huérfano y de la viuda. 
 Cuántos cristianos dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son “ojos del ciego” y “del cojo los pies”. Personas que están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia. 
 3. Sabiduría del corazón es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual “no vino para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos”. Jesús mismo dijo: “Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve”. 
 Pidamos con fe viva al Espíritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la “calidad de vida”, para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas. 
 4. Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: “A mí me lo hicieron”. 
 Por esto, quisiera recordar una vez más “la absoluta prioridad de la ¿salida de sí hacia el otro? como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios”. De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan “la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve”. 
 5. Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: “Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande”. Pero los amigos de Job escondían dentro de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho. 
 La experiencia de Job encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la fe pero también son verificación de la fe. 
 También cuando la enfermedad, la soledad y la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donación, la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende así cómo Job, al final de su experiencia, dirigiéndose a Dios puede afirmar: “Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te vieron mis ojos”. De igual modo, las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo. 
 Confío esta Jornada Mundial del Enfermo a la protección materna de María, que acogió en su seno y ha generado la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor. 
 Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del corazón. 
 Acompaño esta súplica por todos ustedes con la Bendición Apostólica”. 

 Vaticano, 30 de diciembre de 2014 
 Memorial de San Francisco Javier 
 Francisco
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