miércoles, 9 de diciembre de 2015

Lo que Dios más desea es ser misericordioso con sus hijos


Lo que Dios más desea es ser misericordioso con sus hijos 
 Miercoles 9 Dic 2015 | 10:04 am
Ciudad del Vaticano (AICA): “¿Por qué un Jubileo de la Misericordia? ¿Qué significa esto?”, se preguntó el papa Francisco al comienzo de su catequesis en la audiencia general de este miércoles 9 de diciembre. El Santo Padre quiso explicar, a los miles de fieles que congregados en la plaza de San Pedro escuchaban las palabras de Pontífice, el significado de este Año Jubilar de la Misericordia que inició ayer, al abrir la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. 

 “¿Por qué un Jubileo de la Misericordia? ¿Qué significa esto?”, se preguntó el papa Francisco al comienzo de su catequesis en la audiencia general de este miércoles 9 de diciembre. El Santo Padre quiso explicar, a los miles de fieles que congregados en la plaza de San Pedro escuchaban las palabras de Pontífice, el significado de este Año Jubilar de la Misericordia que inició ayer, al abrir la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.
 En sus palabras en español, Francisco precisó que “celebrar un Jubileo de la Misericordia significa poner en el centro de nuestra vida personal y de nuestras comunidades el contenido esencial del Evangelio: Jesucristo. Él es la Misericordia hecha carne, que hace visible para nosotros el gran Amor de Dios”.
 Se trata, dijo, de una ocasión única para experimentar en nuestra vida el perdón de Dios, su presencia y cercanía, especialmente en los momentos de mayor necesidad y añadió “significa aprender que el perdón y la misericordia es lo que más desea Dios, y lo que más necesita el mundo, sobre todo en un momento como el actual en el que se perdona tan poco, en la sociedad, en las instituciones, en el trabajo y también en la familia”.
 Pero, frente a tantas necesidades en el mundo, se preguntó el Santo Padre, “¿es suficiente con contemplar la misericordia de Dios?” A lo que respondió que “ciertamente, hay mucho que hacer. Pero, hay que tener en cuenta que la raíz de la falta de misericordia está en el amor propio, que se reviste bajo el manto de la búsqueda del propio interés, de los placeres, los honores y las riquezas”. Por eso, señaló Francisco, “necesitamos reconocer que somos pecadores, para que se fortalezca en nosotros la certeza de la misericordia de Dios”.+
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